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Tema 7 – Historia, evolución y análisis de las instituciones para menores de 0 a 3 años: Perspectiva histórica. Situación actual.

1. LOS ANTECEDENTES DE LA EDUCACIÓN: DE LA ANTIGÜEDAD A LA ILUSTRACIÓN

Como punto de partida al análisis de los antecedentes de la educación en general y de la infantil en particular, precisamos destacar que el concepto educación denota los métodos por los que una sociedad mantiene sus conocimientos, cultura, y valores y afecta a los aspectos físicos, mentales, morales y sociales de la persona. El trabajo educativo se desarrolla por un profesor individual, la familia, la Iglesia o cualquier otro grupo social. La educa­ción formal es la que se imparte por lo general en una escuela o institución que se vale de profesionales preparados para esa tarea.

Los antecedentes de la Educación son estudiados a través de la Historia de la Educación, que se encarga del examinar las estructuras educativas que se han ido desarrollando a lo largo de las diversas etapas del devenir histórico, teniendo, en cuenta, de un lado, los aspectos específicamente educativos, como hechos, normas y teorías sobre la formación humana, y de otro, sus relaciones con las realizacio­nes culturales, científicas y sociales, para mejor comprender el proceso histórico pedagógico.

La división de la Historia de la Educación debe hacerse teniendo en cuenta las estructuras pedagó­gicas que se han ido desarrollando a través del proceso histórico.

En nuestra actual división, destacaremos las estructuras siguientes:

  • Los primeros sistemas de educación.
  • En el mundo antiguo, el tradicionalismo pedagógico y la educación en el mundo clásico (Grecia y Roma).
  • Antes de entrar en el siglo XVII; el cristianismo y la educación medieval, el humanismo peda­gógico.
  • En la Edad Moderna propiamente dicha; el realismo pedagógico, la ilustración y el naturalis­mo.
  • Siglos XIX y XX con sus realizaciones educativas y sistematización pedagógica, con la Escuela Nueva
  • Las directrices actuales de la educación.

A. LOS PRIMEROS SISTEMAS DE EDUCACIÓN

La educación es tan antigua como el ser humano mismo; por tanto no está fuera de lugar citar que la educación de una manera espontánea era la que ya practicaba el hombre primitivo. Aquí la educación carece de caracteres científicos, y que la transmisión del bagaje culturar de los adultos a los jóvenes se efectúa de modo natural. Hablamos aquí de una pedagogía inconsciente en el sentido de que tanto al niño y al joven que reciben los usos y costumbres, como al adulto que los transmite, les pasa inadver­tido el proceso de la educación, no son conscientes de él. Progresivamente se fue pasando de la educación espontánea, a la educación intencional.

Los siste­mas de educación más antiguos conocidos tenían dos características comunes; enseñaban religión y mantenían las tradiciones del pueblo. En el antiguo Egipto, las escuelas del templo enseñaban no sólo religión, sino también los principios de la escritura, ciencias, matemáticas y arquitectura. De forma semejante, en la India la mayor parte de la educación estaba en manos de sacerdotes. La India fue la fuente del budismo, doctrina que se enseñaba en sus instituciones a los escolares chinos, y que se exten­dió por los países del Lejano Oriente.

La educación en la antigua China se centraba en la filosofía, la poesía y la religión, de acuerdo con las enseñanzas de Confucio, Lao-Tsé y otros filósofos. El sistema chino de un examen civil, iniciado en ese país hace más de 2.000 años, se ha mantenido hasta nuestros días, pues, en teoría, permite la selec­ción de los mejores estudiantes para puestos importantes en el gobierno.

Los métodos de entrenamiento físico que predominaron en Persia y fueron muy ensalzados por varios escritores griegos, llegaron a convertirse en el modelo de los sistemas de educación de la antigua Grecia, que valoraban tanto la gimnasia como las matemáticas y la música.

La Biblia y el Talmud son las fuentes básicas de la educación entre los judíos antiguos. Así, el Talmud animaba a los padres judíos a enseñar a sus hijos conocimientos profesionales específicos, nata­ción y una lengua extranjera. En la actualidad, la religión sienta aún las bases educativas en la casa, la sinagoga y la escuela. La Tora sigue siendo la base de la educación judía.

B. TRADICIONALISMO PEDAGÓGICO Y LA EDUCACIÓN EN EL MUNDO CLÁSICO. GRECIA Y ROMA

Grecia

En esta etapa de la historia, la educación estará orientada a lograr el heroísmo colectivo en pro del Estado, tal como lo exige su concreta circunstancia política. La ciudad está constituida por una aristo­cracia, numéricamente reducida. Aun así, en estas circunstancias se precisa tener una comunidad de guerreros diestros, aptos y fuertes, llegando a la conclusión que una educación, minuciosamente regla­mentada por la ley, será el medio de prepararlos adecuadamente. El fin de la educación queda así subordinado al fin del ciudadano.

Sócrates, Platón, Aristóteles, e Isócrates fueron los pensadores que influyeron en su concepción educativa. El objetivo griego era preparar a los jóvenes intelectualmente para asumir posiciones de liderazgo en las tareas del Estado y la sociedad. En siglos posteriores, los conceptos griegos sirvieron para el desarrollo de las artes, la enseñanza de todas las ramas de la filosofía, el cultivo de la estética ideal y la promoción del entrenamiento gimnástico. Así, los dos pilares básicos de la educación griega son la gimnasia y la música. Gimnasia para el cuerpo, música para el alma. Una vida culta suponía un cierto dominio de “la lira, la danza ligera y el canto”. Pero desde el comienzo de la escuela, al doble esquema tradicional expuesto, se le añade la enseñanza de la lectura y de la escritura como medio de profundizar en el conocimiento de la lengua materna.

El aprendizaje de la escritura comienza con el dibujo de las letras. Después se copian frases o sentencias, dictadas por el maestro y pronto se acude al dictado. Los modelos utilizados en Grecia para el aprendizaje de la lengua materna son los versos de los poetas y los discursos de los oradores. El autor predilecto era Hornero. No era extraño que los alumnos aprendiesen de memoria la Iliada y la Odisea.

En el periodo helenístico, las influencias griegas en la educación se transmitieron en primer lugar por medio de los escritos de pensadores como Plutarco, para quien el protagonismo de los padres en la educación de sus hijos era el más esencial punto de referencia.

A partir de ese momento, el régimen democrático, que postula la participación de todos los ciuda­danos en la marcha de la polis, exige al que quiere destacar en él y escalar los puestos más elevados, una preparación determinada. Ya no tienen valor ni la fuerza ni la herencia, ahora se precisa el arma de la elocuencia.

El contenido de la enseñanza, adecuado a la formación de este hombre impuesto en la técnica de la elocuencia, no puede ser ya el esquema básico de de gimnasia y música. Tampoco le interesará profun­dizar demasiado en física, matemáticas, medicina o filosofía, cultivadas en aquel momento con esplen­dor en Grecia. La instrucción del orador se centra fundamentalmente en lo que después había de consti­tuir el Trivium medieval. Gramática como perfección de la lengua; Dialéctica, perfección del pensamiento, y Retórica, perfección de la palabra. A esto se sumaban en los primeros tiempos, nociones muy generales de historia, economía, literatura, por su utilidad práctica.

En la cumbre del pensamiento griego, y como fruto sereno y maduro de la rica efervescencia filosó­fica que les ha precedido, aparecen en Grecia dos grandes figuras. Platón y Aristóteles. Ambos se plan­tearon directamente el problema de la educación, y han procurado resolverlo desde distintos flancos.

El primero, quiso formar, primordialmente, al filósofo, al contemplativo, capaz de alcanzar la idea del Bien, para impregnar de ella todas sus acciones. El segundo, más realista y práctico, tras analizar el concepto de educación, a partir de sus principios filosóficos, propone la formación del hombre integral en todas sus facetas.

Con el fin de evitar el intelectualismo pedagógico, que confía todo el proceso perfectivo al ejercicio y a la instrucción de la mente, hace hincapié en el elemento inconsciente de la naturaleza humana. Su aportación fundamental a la Pedagogía, consiste en el capítulo de la formación de los hábitos.

Junto a la elaboración teórica del problema de la educación, estos hombres han sido, a su vez, peda­gogos prácticos. Ambos han fundado sendos centros de enseñanza, dedicándose totalmente al estudio y a la formación de sus discípulos. La Academia de Platón, y el Liceo aristotélico son dos pruebas feha­cientes del alto rango que ocupaba la educación en la mente de estos hombres de excepción.

A pesar de que la escolarización no era un requerimiento legal en la Antigua Grecia, escenas pinta­das en vasos del 500 a.C., nos dicen que la misma, estaba ampliamente extendida.

Los niños empezaban la educación a la edad de siete años. Los más pobres abandonaban luego de tres o cuatro años con una idea de lo básico, mientras que los alumnos más ricos iban a la escuela hasta por 10 años. Incluso algunas niñas fueron formalmente educadas en el mundo griego, a pesar de no ser tan común como para los niños, y asistían a escuelas separadas.

Los alumnos aprendían bajo la tutela de tres tipos de profesores: los de gramática, que enseñaban a leer, escribir, aritmética y literatura; los paidotribes, a cargo de lucha, boxeo y gimnasia; y los kitharistes, que enseñaban música, especialmente canto y ejecución de la lira.

A los 18 años, los varones tenían que someterse a dos años de entrenamiento militar, después del cual regresaban a la educación superior que los preparaba para la vida pública. Uno de los primeros lugares de educación superior fue La Academia, una escuela de filosofía fundada por Platón en el 385 a.C. Aristóteles regía un establecimiento similar, llamado el Liceo, donde había mayor variedad de disciplinas. Estas escuelas sentaron la base para las universidades de hoy en día.

Roma

En los primeros siglos de su desarrollo (hasta el siglo II a.C.) se caracterizó la educación por ser familiar, con influencia decisiva de los padres, orientación laboral de tipo campesino, ideal colectivo de consagración al servicio del Estado.

Se trataba de una educación de campesinos, basada fundamentalmente en el respeto a las costum­bres de los antepasados (mos maiorum). Desde la más tierna infancia se les ensañaba que la familia de que la familia de la cual eran miembros constituía una auténtica unidad social y religiosa, cuyos pode­res estaban todos concentrados en la cabeza, en el paterfamilias, que era el propietario de todo, con derecho de vida y muerte sobre todos los miembros de la familia.

Hasta los siete años era la madre la encargada de la educación de los hijos. La madre es la maestra en casa., ejerce, pues, un papel de suma importancia: no se limita sólo a dar a luz al hijo, sino que luego continúa su obra cuidándolo física y moralmente. Por eso su influencia en el hijo será importante durante toda la vida de éste.

A partir de los siete años era el padre quien tomaba la responsabilidad de la educación de los hijos. Un padre enseñaba a su hijo -puer- a leer, escribir, usar las armas y cultivar la tierra, a la vez que le impartía los fundamentos de las buenas maneras, la religión, la moral y el conocimiento de la ley. El niño acompaña a su padre a todas partes: al campo, a los convites, al foro, etc.

Por su parte, la niña -puella- sigue bajo la dirección y el cuidado de su madre, que la instruye en el telar y en las labores domésticas.

El definitivo perfeccionamiento a su formación lo daba el ejército, en el que se ingresaba a la edad de 16 o 17 años. La fuerza del ejército romano residía en su disciplina: el cobarde era azotado hasta morir, el general podía decapitar a cualquiera por la menor desobediencia, a los desertores se les cortaba la mano derecha, y el rancho consistía en pan y legumbres.

A partir del siglo II a.C. puede decirse que roma no tuvo tiempo de elaborar una cultura propia, al conquistar la Magna Grecia. Durante este siglo se producirá el proceso de síntesis entre los elementos griegos y romanos. Desde entonces, la superioridad cultural griega marcará la cultura y la educación romanas. Maestros y rotores llegan como esclavos a Roma y se dedican a impartir la docencia en las casas de sus dueños e incluso abren escuelas, una vez obtenida la libertad.

La implantación del sistema educativo griego no se hace esperar. De este modo, la Roma rústica se va a convertir en portadora y transmisora del caudal humanístico griego. A partir de ahora gran número de pedagogos, gramáticos, retóricos y filósofos invaden las calles de Roma, y los romanos acep­tan sus enseñanzas (aunque no sin algunas reticencias).

Tres son los niveles de enseñanza

  • La escuela del ludí magíster (maestro de juegos), o primaria para los niños de siete a once años.

El niño acudía a la escuela muy temprano acompañado del paedagogus generalmente grie­go. La jornada solía ser de seis horas, con descanso a mediodía, y un día festivo cada nueve días -nundinae- . El curso comenzaba el mes de marzo, y había vacaciones estivales (desde julio hasta los idus -el 15- de octubre). Las escuelas eran locales muy humildes, donde había sillas o bancos sin respaldo para los alumnos, que escribían con las tablillas apoyadas en las rodillas. En la escuela primaria se aprendía a leer, escribir y contar, bajo una férrea disciplina que castigaba con severidad cualquier falta.

  • La enseñanza secundaria, o escuela del gramaticus frecuentada desde los once a los quince años (edad en la que se recibe la toga viril).

Se centraba en el estudio de la teoría gramatical, lectura de autores clásicos griegos y latinos y comentario de los textos leídos. A partir del comentario del texto se enseñaba a los niños geografía, mitología, métrica, física, etc.

  • A partir de esta edad, y hasta los veinte años o más, el joven asiste a la escuela del rethor, como centro de estudios superiores. El joven que decide dedicarse a la oratoria y a la actividad pública pasa a la escuela del profesor de retórica (rhetor), generalmente griego. Después de una serie de ejercicios preparatorios, el alumno se ejercitaba en la declamación.

Los romanos consideraban la enseñanza de la retórica y la oratoria como aspectos fundamentales. Según el educador del siglo I Quintiliano, el adecuado entrenamiento del orador debía desarrollarse desde el estudio de la lengua, la literatura, la filosofía y las ciencias, con particular atención al desarrollo del carácter. La educación romana transmitió al mundo occidental el estudio de la lengua latina, la lite­ratura clásica, la ingeniería, el derecho, la administración y la organización del gobierno.

C. EL CRISTIANISMO Y LA EDUCACIÓN MEDIEVAL, EL HUMANISMO PEDAGÓGICO

El cristianismo

Muchas escuelas monásticas así como municipales y catedralicias se fundaron durante los primeros siglos de influencia cristiana. La base de conocimientos se centraba en las siete artes liberales que se dividían en el trivium (formado por gramática, retórica y lógica) y el quadrivium (aritmética, geome­tría, astronomía y música). San Isidoro de Sevilla aportó materiales básicos con su Etimologías para el trivium y el quadrivium y su posterior polémica curricular. Desde el siglo V al VII estos compendios fueron preparados en forma de libros de texto para los escolares por autores como el escritor latino del norte de África Martiniano Capella, el historiador romano Casiodoro y el eclesiás­tico español San Isidoro de Sevilla. Por lo general, tales trabajos expandían el cono­cimiento existente más que introducir nuevos conocimientos.

La etapa visigótica española, que abarca los siglos V, VI y VII, significa el comienzo de la Edad Media para nosotros. La violencia de las guerras políticas había dejado a la población hispanorromana en situación precaria y su cultura queda al final del siglo V, coincidiendo con la caída del Imperio romano (476), en gran parte.

La cultura, como oficio y patrimonio de la clerecía, está siempre concebida y expuesta en clave reli­giosa. Aun en aquel modelo de estudios, como la cosmología, la historia o la literatura, siempre se entendía la necesidad de prestar un servicio a la fe y no al hombre como ser social.

El ministerio de la enseñanza fomentó, en primer lugar, el desarrollo de la teología dogmática como afirmación de los principios básicos de la fe y la puntualización necesaria como materia de aprendizaje, La orientación será elitista y selecta, solamente accesible a las dirigentes y a la nobleza, entre la que hay que contar generalmente a toda la clerecía. La educación se desarrollará siempre en una relación perso­nal, directa entre maestro y discípulo. Hasta se puede hablar de una educación familiar o entre familias como herencia. Se trata de una educación profesional y comprometida desde una perspectiva de la funcionalidad y eficacia.

En el Occidente europeo, durante el siglo IX ocurrieron dos hechos importantes en el ámbito educa­tivo, uno en el continente, en la época de Carlomagno, y otro en Inglaterra, bajo el rey Alfredo, Carlo-magno, reconociendo el valor de la educación, trajo de York (Inglaterra) al clérigo y educador Alcuino para desarrollar una escuela en el palacio de Aquisgrán.

El rey Alfredo promovió instituciones educati­vas en Inglaterra que eran controladas por monasterios. Irlanda tuvo centros de aprendizaje desde los que muchos monjes fueron enviados a enseñar a países del continente. Entre el siglo VIII y el XI la presencia de los musulmanes en la península Ibérica (al-Andalus) hizo de Córdoba, la capital del cali­fato omeya, un destacado centro para el estudio de la filosofía, la cultura clásica de Grecia y Roma, las ciencias y las matemáticas.

También Babilonia había tenido academias judías durante muchos siglos. Persia y Arabia desde el siglo VI al IX tuvieron instituciones de investigación y para el estudio de las ciencias y el lenguaje; otros centros de cultura musulmana se establecieron en la Universidad de Al-Qarawiyin, en Fez (Marruecos) en el 859 y la Universidad al-Azhar, en El Cairo (970).

La Edad Media

Durante la edad media las ideas del escolasticismo se impusieron en el ámbito educativo de Europa occidental. El escolasticismo utilizaba la lógica para reconciliar la teología cristiana con los conceptos filosóficos de Aristóteles. Un profesor relevante del escolasticismo fue el eclesiástico Anselmo de Canterbury, quien, como Platón, defendía que sólo las ideas eran reales. Otro clérigo, Roscelino de Compiégne, en la línea de Aristóteles, enseñaba el nominalismo, doctrina según la cual las ideas univer­sales son flatus vocis y sólo las cosas concretas son reales.

Otros grandes maestros escolásticos fueron el teólogo francés Pedro Abelardo, discípulo de Rosce­lino, y el filósofo y teólogo italiano Tomás de Aquino. El reconocimiento de estos profesores atrajo a muchos estudiantes y tuvo una enorme incidencia en el establecimiento de las universidades en el norte de Europa desde el siglo XII. A lo largo de este periodo los principales lugares para aprender eran los monasterios, que mantenían en sus bibliotecas muchos manuscritos de la cultura clásica anterior.

Por este tiempo se abrieron varias universidades en Italia, España y otros países, con estudiantes que viajaban libremente de una institución a otra. Las universidades del norte, como las de París, Oxford, y Cambridge, eran administradas por los profesores; mientras que las del sur, como la de Bolo­nia (Italia) o Falencia y Alcalá en España, lo eran por los estudiantes. La educación medieval también desarrolló la forma de aprendizaje a través del trabajo o servicio propio. Sin embargo, la educación era un privilegio de las clases superiores y la mayor parte de los miembros de las clases bajas no tenían acceso a la misma.

En el desarrollo de la educación superior durante la edad media los musulmanes y los judíos desempeñaron un papel crucial/ pues no sólo promovieron la educación dentro de sus propias comuni­dades, sino que actuaron también como intermediarios del pensamiento y la ciencia de la antigua Grecia a los estudiosos europeos. Los centros de Toledo y Córdoba en España atrajeron a estudiantes de todo el mundo civilizado en la época.

El Renacimiento y el Humanismo

La modernidad comienza con un fenómeno histórico de caracteres inconfundibles, que llamamos Renacimiento. La paz política y las circunstancias político-sociales y culturales, producen en el indivi­duo un sentido de seguridad que le capacita para altas empresas. Se siente creador e impulsor del progreso, capaz de dominar la naturaleza y de alcanzar para sí mismo el alto ideal de la humanitas.

El estudio de las matemáticas y los clásicos llegó a extenderse, como consecuencia del interés por la cultura clásica griega y romana que aumentó con el descubrimiento de manuscritos guardados en los monasterios. Muchos profesores de la lengua y literatura griegas emigraron desde Constantinopla a Italia, caso del estudioso de la cultura griega Manuel Chrysoloras en 1397. Entre los interesados en sacar a la luz los manuscritos clásicos destacaron los humanistas italianos Francisco Tetrarca y Poggio Bracciolini.

El espíritu de la educación durante el renacimiento está muy bien ejemplificado en las escuelas esta­blecidas por los educadores italianos Vittorino da Peltre y Guarino Veronese en Mantua (1425); en sus escuelas introdujeron temas como las ciencias, la historia, la geografía, la música y la formación física. El éxito de estas iniciativas influyó en el trabajo de otros educadores y sirvió como modelo para los educadores durante más de 400 años. Entre otras personalidades del renacimiento que contribuyeron a la teoría educativa sobresalió el humanista alemán Erasmo de Rotterdam, el educador alemán Johannes Sturm, el ensayista francés Michel de Montaigne y el huma­nista y filósofo español Luis Vives. .Durante este periodo se dio una gran importan­cia a la cultura clásica griega y romana enseñada en las escuelas de gramática latina, que, originadas en la edad media, llegaron a ser el modelo de la enseñanza secundaria en Europa hasta el inicio del siglo XX. De esta época datan las primeras universidades americanas fundadas en Santo Domingo (1538), en México y en Lima (1551).

La más importante de las manifestaciones pedagógicas del Renacimiento fue la aparición del nivel de enseñanza que hoy llamamos enseñanza media o secundaria

Si el movimiento renacentista comienza en el siglo XV y desarrolla gran parte de su potencia en el siglo XVI, pronto este siglo será conmovido por un gran cisma religioso.

Las iglesias protestantes surgidas de la Reforma promovida por Martín Lutero en el inicio del siglo XVI establecieron escuelas en las que se enseñaba a leer, escribir, nociones básicas de aritmética, el cate­cismo en un grado elemental, y cultura clásica, hebreo, matemáticas y ciencias, en lo que podríamos denominar enseñanza secundaria. En Suiza, otra rama del protestantismo fue creada por el teólogo y reformador francés Juan Calvino, cuya academia en Ginebra, establecida en 1559, fue un importante centro educativo. La moderna práctica del control de la educación por parte del gobierno fue diseñada por Lutero, Calvino y otros líderes religiosos y educadores de la Reforma.

Los católicos también siguieron las ideas educativas del renacimiento en las escuelas que ya dirigían o que promocionaron como respuesta a la creciente influencia del protestantismo, dentro del espíritu de la Contrarreforma. Esa síntesis se realizaba en los centros de la Compañía de Jesús, fundada por el reli­gioso español San Ignacio de Loyola en 1540, con la aprobación del papa Pablo III.

Los Jesuítas, como se conoce a los miembros de la congregación, promovieron un sistema de escuelas que ha tenido un papel preponderante en el desarrollo de la educación católica en muchos países desde el siglo XVI: la llamada Ratio Studioron, que es un documento legislativo donde se condensan e integran inteligentemente las mejores aportaciones de los ideales pedagógicos humanistas. La Ratio Studiorum constituye así un conjunto de disposiciones concretas, para orientar a los profesores en la marcha de las clases.

La preocupación por educar al pueblo, basada en su concepto de igualdad esencial del género humano frente a la discriminación griega entre libre y esclavo, está siempre presente de algún modo en los planes de la Iglesia. Ya en la Edad Media se había legislado sobre ella, y se llevaba a la práctica a través de las escuelas parroquiales, catedralicias, monacales y en las escuelas de niños cantores.

De esta forma, en Santa Dorotea del Trastevere, un suburbio romano, tiene lugar, por obra del aragonés San José de Calasanz, la fundación de la primera escuela popular moderna. No como paso ínfimo y obligado hacia la enseñanza media y en función de ella, sino con sustantividad propia. No es que Calasanz sea el primero en ocuparse de la formación del pueblo, pero sí lo es en realizar por toda Europa una labor eficaz de formación elemental, adecuándose a las exigencias de su tiempo, estable­ciendo una organización escolar acabada y preocupándose de la formación de maestros para esta clase de enseñanza. Y esto cuando las guerras de religión habían devastado las escuelas del centro de Europa, y dos siglos antes de que los estados más desarrollados hicieran obligatoria la enseñanza primaria.

D. LA EDAD MODERNA PROPIAMENTE DICHA; EL REALISMO PEDAGÓGICO, LA ILUSTRA­CIÓN Y EL NATURALISMO

El siglo XVII fue un periodo de rápido progreso de muchas ciencias y de creación de instituciones que apoyaban el desarrollo del conocimiento científico. Este siglo supone para la pedagogía una reac­ción frente al sistema de enseñanza humanística, centrado en el saber de los antiguos y con finalidad de carácter moral y filológico. Ahora se propone una instrucción realista, conseguida al contacto no con los libros, sino con la naturaleza; no con las palabras, sino con las cosas. Ante todo, la gran preocupación científica y metodológica propia de este siglo europeo. En él se producen nuevos descubrimientos científicos. Copérnico descubre que la tierra gira alrededor del sol y sobre su eje; Kepler las leyes del movimiento de los planetas, se descubren nuevas estrellas, se inventan aparatos que favorecen la investigación y experimentación, tales como el micros­copio, el barómetro, el termómetro y el telescopio.

Nuevos temas científicos se incorporaron en los estudios de las universidades y de las escuelas secundarias. El Hospital de Cristo de Londres fue probablemente la primera escuela de secundaria en enseñar ciencia con cierto grado de competencia. En el inicio del siglo XVIII la Escuela de Moscú de Navegación y Matemáticas sirvió como modelo para el establecimiento de la primera escuela secunda­ria en Rusia. La importancia de la ciencia se manifestó en los escritos del filósofo inglés del siglo XVI Francis Bacon, quien fundamentó los procesos del aprendizaje en el método inductivo que anima a los estudiantes a observar y examinar de forma empírica objetos y situaciones antes de llegar a conclusio­nes acerca de lo observado.

Durante el siglo XVII, muchos educadores ejercieron una amplia influencia. El educador alemán Wolfgang Ratke inició el uso de nuevos métodos para enseñar más rápidamente la lengua vernácula, las lenguas clásicas y el hebreo. Rene Descartes, el filósofo francés, subrayó el papel de la lógica como el principio fundamental del pensamiento racional, postulado que se ha mantenido hasta la actualidad como base de la educación en Francia. El poeta inglés John Milton propuso un programa enciclopédico de educación secundaria, apoyando el aprendizaje de la cultura clásica como medio para potenciar la moralidad y completar la educación intelectual de las personas.

El filósofo inglés John Locke recomen­daba un currículo y un método de educación (que contemplaba la educación física) basado en el examen empírico de los hechos demostrables antes de llegar a conclusiones. En Algunos pensamientos referidos a la educación (1693), Locke defendía un abanico de reformas, y ponía énfasis en el análisis y estudio de las cosas en lugar de los libros, defendiendo los viajes y apoyando las experiencias empíricas como medio de aprendizaje. Así, animaba a estudiar un árbol más que un libro de árboles o ir a Francia en lugar de leer un libro sobre Francia. La doctrina de la disciplina mental, es decir, la habilidad para desarrollar las facultades del pensamiento ejercitándolas en el uso de la lógica y de la refutación de fala­cias, propuesta a menudo atribuida a Locke, tuvo una muy fuerte influencia en los educadores de los siglos XVII y XVIII. El educador francés San Juan Bautista de la Salle, fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1684, estableció un seminario para profesores en 1685 y fue pionero en su educación sistemática.

Tal vez, el más destacado educador del siglo XVII fuera Jan Komensky, obispo protestante de Moravia, más conocido por el nombre latino de Comenio. Su labor en el campo de la educación motivó que recibiera invitaciones para enseñar por toda Europa. Escribió un libro ilustrado, muy leído, para la enseñanza del latín, titulado El mundo invisible (1658). En su Didáctica magna (1628-1632) subrayó el valor de estimular el interés del alumno en los procesos educativos y enseñar con múltiples referencias a las cosas concretas más que a sus descripciones verbales. Su objetivo educativo podía resumirse en una frase de la página inicial de Didáctica magna ‘enseñar a través de todas las cosas a todos los hombres’, postura que se conoce como pansofía. Los esfuerzos de Comenio por el desarrollo de la educación universal le valieron el título de “maestro de naciones”. En la Didáctica Magna, su autor nos dice que la enseñanza debe ser repartida en cuatro grados, según la edad de los alumnos y su programa de estudios. Estos grados son: escuela maternal, escuela elemental, gimnasio y academia.

La Escuela Maternal constituye el primer grado de la educación. No pide la fundación de escuelas de esta clase para todos, pues piensa que si las madres fueran buenas educadoras, habría en cada casa una escuela maternal. Considera por tanto, que la acción educadora no debe darse sólo en el ámbito de la escuela, sino también en la familia. Esta etapa se extiende a los seis primeros años de la vida, y las otras etapas tendrán la misma duración.

La Escuela Elemental corresponde al segundo grado, y abarca desde los seis años hasta los doce. Señala como metas de esta enseñanza, el cultivo de la inteligen­cia, la imaginación y la memoria. Propone como materias de enseñanza la escritura y la lectura, aritmética, geometría, geografía local y nacional e historia. Añadía unos elementos de ciencias económicas y políticas para introducir al alumno en la organización de su ciudad y de su nación, y también dibujo, canto, música instrumental, catecismo. Biblia y principios de moral. Para cada una de las clases de este grado redactó un manual, según los principios de la enseñanza concéntrica.

El Gimnasio o escuela latina, constituye el tercer grado, y abarca también seis clases, correspon­diendo a la etapa de doce a dieciocho años. Es la adecuada a los ciudadanos que van a ejercer una profesión liberal. Las materias son: gramática, física, matemáticas, moral, didáctica y retórica.

De los dieciocho a los veinticuatro años, los estudios se hacen en la Universidad o Academia, exis­tente en cada estado o región.

E. LA EDAD MODERNA; EL REALISMO PEDAGÓGICO, LA ILUSTRACIÓN Y EL NATURALISMO

La Ilustración

Durante el siglo XVII se tiende a preocuparse principalmente por el ejercicio de la razón en contacto con la natura­leza, para así alcanzar el conocimiento científico. Esta preocupación de carácter intelectualista es exagerada en el siglo XVIII. Es una época de pensamiento no original, sino montado sobre el edificio de lo que habían levantado los ideólogos del siglo anterior -Bacon, Descartes, Locke,- y ha sido denominada “época de las luces”. Este movimiento recibe en España el nombre de Ilustración, y se deja sentir a través de las aportaciones efectuadas principalmente por el padre Benito Jerónimo Feijoo, y por Jovellanos.

Se proclama que ante todo, la educación ha de ser popular, universal y cívica. Popular, par elevar el nivel del pueblo y superar en algo la distancia que le separa de las minorías intelectuales, y lograr así una mayor eficacia productiva para el país, preparando para sus profesiones a las clases productivas. Se pedía que se fundasen en diversas provincias españolas escuelas gratuitas de hilaza de seda para muje­res y niñas, y centros para orientar a los trabajadores. Además, Jovellanos introduce el concepto de educación cívica, es preciso formar al ciudadano, al “miembro de la sociedad y sujeto de deberes y obli­gaciones para con ella”

El Naturalismo

En el seno del propio siglo XVIII, uno de sus mejores escritores, Rousseau, rompe lanzas con genio y firmeza contra la ideología dominante. Con él la Ilustración se supera así misma, y da un paso más. Como reacción al racionalismo, aparece un nuevo concepto de la naturaleza y un nuevo concepto de hombre y de sociedad. El idea se pondrá ahora en el “el hombre natural”. Promotor y principal repre­sentante del nuevo movimiento, Rousseau se opone de modo público a los dogmas de la Ilustración.

El método de Educación a emplearse en la educación del Naturalismo es el método inductivo. La Naturaleza es la gran maestra y ni los padres ni los profesores deben intervenir en el “trabajo de la natu­raleza”, para que de ésta manera el niño tenga auto libertad de auto-expresión y auto-descubrimiento.

La única disciplina válida es “las consecuencias naturales”, las cuales enriquecen las vivencias del niño para que consiga resultados utilitarios y no morales.

Los fines de la educación para el Naturalismo son la preparación y adaptación al medio ambiente de la vida presente, de ésta manera se estará apto para afrontar las necesidades de la existencia.

Para lograr lo anterior, el naturalismo se apoya en las ciencias biológicas, psicológicas y sociales. Los factores que actúan en la formación del hombre son: la herencia y el medio ambiente.

Como contribuciones del Naturalismo al proceso educativo, podemos destacar que realza la impor­tancia de adaptar métodos al desarrollo natural del educando. De igual manera ha estimulado muchos experimentos en la Psicología del educando, principalmente en lo relacionado a Psicología infantil. Ha estimulado también la educación física y su valor en la salud y el desarrollo mental del individuo. Además, ha contribuido a despertar el interés por el estudio de las Ciencias Naturales, las cuales se han aplicado para avances científicos, a partir de los cuales se han obtenido grandes bienes a lo largo de la historia.

El manifiesto pedagógico lo constituye la obra pedagógica fundamental de Rousseau, “Emilio”. Los puntos principales de su obra “Emilio” sobre la educación son: que la educación es para beneficio del niño, que debe ser tratado como tal. También expresa que la educación es un proceso de crecimiento y desarrollo físico y psíquico en el niño. El método de instrucción deberá basarse en el desarrollo psicoló­gico del niño. La educación deberá ser una preparación práctica para la vida, y de igual forma, señala que la teoría de la educación del Naturalismo está fundamentada en los descubrimientos biológicos, psicológicos y sociológicos, y no está apoyada en la filosofía.

2. EL SIGLO XIX Y LA ESCUELA NUEVA

Realizaciones educativas y sistematización pedagógica

En el siglo XIX la educación recibe un serio impulso en muy diversas direccio­nes. Tras las revoluciones francesa e industrial, nuevas ideas agitan en esta época a los pueblos europeos. No es pues, extraño el auge que en el siglo XIX alcanza la política pedagógica.

El Estado en las personas de sus dirigentes, llega a sentir como propio y hasta como exclusivamente suyo, el problema de la formación de los ciudadanos, y se arroga el derecho de orientar, organizar e impartir ­la instrucción en todos sus grados y formas.

El movimiento a favor de la instrucción pública, se dirige primordialmente a la enseñanza primaria, con la intención de ponerla rápidamente al alcance de todos los ciudadanos. Se trata de lograr la eleva­ción del nivel del pueblo para que pueda integrarse eficazmente en la vida política y laboral de la nación. La educación primaria debería ser universal, gratuita y obligatoria.

Se van sucediendo a lo largo de los años, numerosos planes de enseñanza, en vistas a la creación de centros, al aumento de los años de escolaridad, y a la designación de las materias a impartir. A las cuatro asignaturas básicas -lectura, escritura, cálculo y catecismo- se añaden historia nacional y univer­sal, ciencias naturales, geografía, dibujo y trabajos manuales. Se comienza también a valorar la educa­ción física. La duración de la enseñanza primaria obligatoria oscila, según los países, entre los cuatro, seis y ocho años.

El empuje dado a la enseñanza primaria revierte también en la enseñanza media o secundaria. Se abren numerosos centros, y aparece una nueva orientación de estos estudios. Junto al sistema de forma­ción basado en las humanidades clásicas, las ciencias y las lenguas modernas alcanzan entidad, para dar lugar a un nuevo sistema formativo.

En la España decimonónica, el título XI de la Constitución de 1812 se refiere a la instrucción pública. La Educación pasa a ser considerada como un asunto de Estado.

No podemos dejar de consignar, que durante este siglo, aparecen una serie de congregaciones reli­giosas femeninas en vistas a la formación de la mujer de todos los estamentos sociales y en todos los grados de la enseñanza.

El movimiento de la Escuela Nueva

A finales del siglo XIX y principios del XX, en toda Europa y EE. UU surgen intentos de renovación pedagógica porque se piensa que en todos los países lo que viene defendiendo la escuela es la forma­ción de los niños en la obediencia pasiva y no se ha esforzado en el desarrollo del espíritu crítico del niño. Esta renovación afectará a todos los aspectos de la escuela, del niño y de la metodología.

Este movimiento no se reduce a soluciones meramente didácticas, sino que también se han ampliado bases de pensamiento, que aunque variadas, coinciden en algunos puntos fundamentales. Uno de ellos, es el Puerocentrismo, es decir, la doctrina de que en el centro de la educación debe ponerse al niño, y solamente a él, girando a su alrededor todas las otras circunstancias educativas. Los precursores de la Escuela Nueva fueron, entre otros, Locke, Rousseau, Pestalozzi, Froebel, Dewey y María Montessori.

La relación maestro-alumno sufre una transformación en la Escuela Nueva. Pasa de una relación de poder-sumisión que se daba en la Escuela Tradicional a una relación de afecto y camaradería. Es más importante la forma de conducirse del maestro que la palabra. El maestro será un auxiliar del libre y espontáneo desarrollo del niño.

La autodisciplina es un elemento que se incorpora en esta nueva relación, el maestro cede el poder a sus alumnos para colocarlos en posición funcional de autogobierno que los lleve a comprender la necesidad de elaborar y observar reglas. Pero que no son impuestas desde el exterior por un tirano que las hace respetar utilizando chantajes o castigos corporales, sino que son reglas que han salido del grupo como expresión de la voluntad popular.

Si hay un cambio en los contenidos, debe darse también un cambio en la forma de transmitirlos. Se introducen una serie de actividades libres para desarrollar la imaginación, el espíritu de iniciativa, y la creatividad. No se trata sólo de que el niño asimile lo conocido sino que se inicie en el proceso de cono­cer a través de la búsqueda, respetando su individualidad. Esto hace necesario tener un conocimiento más a fondo de la inteligencia, el lenguaje, la lógica, la atención, la comprensión, la memoria, la inven­ción, la visión, la audición, y la destreza manual de cada niño, para tratar a cada uno según sus aptitu­des. Se propone la individualización de la enseñanza. La escuela será una escuela activa en el sentido de incluir todas las formas de la actividad humana: la intelectual, pero también la manual y la social. Utilizar con fines educativos la energía del niño.

A. Características de la Escuela Nueva

a. Escuela Paidocéntrica o puerocéntrica

  • Se pasa del magicentrísmo (el maestro es el centro) al paicentrismo. Existe un giro total: el maes­tro pasa a segundo plano. Sólo debería intervenir cuando el alumno lo demande.

b. Escuela activa y creativa

  • Ponen en la acción del niño la máxima importancia. En particular a la actividad sensomotriz o psicomotriz.

c. Escuela vital

  • Intenta formar personalidades fuertes para que sepan afrontar los problemas que van a encon­trar en la vida.

d. Escuela social

  • Concede mucha importancia a la vida social. Se empieza a trabajar en grupo.

e. Escuela que respeta los intereses del niño

  • Se trabaja en aquello que representa una necesidad para el niño para poder satisfacerla.
  • Todos estos principios se deben dar en una escuela que favorezca la espontaneidad y un clima de libertad.

B. Principios y realizaciones más importantes

a. Individualización

  • El proceso de enseñanza-aprendizaje se había realizado hasta entonces de dos formas: indivi­dual y colectiva. A finales del siglo XIX se pretendió sacar las características positivas, las ventajas de cada uno de los tipos para crear una nueva metodología de enseñanza.
  • Uno de los principios surge de este modo: La Individualización de la enseñanza. Esta partía de la base de que no existen 2 alumnos completamente iguales entre sí. Con esta individualización se pretenden crear:

Grupos homogéneos de alumnos

Para constituirlos se tienen en cuenta una serie de criterios como la edad cronológica o la edad mental. Se les aplicaba a los niños el test de Teman para agruparlos por edad mental o cocien­te intelectual. Al ir considerando más aspectos de la persona se vio que esa homogeneidad no existía y se crearon.

Grupos heterogéneos

Los alumnos no tienen las mismas características y es una fórmula para atender a cada alum­no según sus capacidades o necesidades. De este modo la enseñanza se va haciendo cada vez más flexible.

b. Socialización

Hay que considerar la dimensión comunitaria de las personas. Esto se debe a la necesidad del hombre de contactar con los demás. El objetivo es que la educación debe preparar para una partici­pación en los modos de vida. La vida social ha sido preocupación de muchos filósofos de la educa­ción, entre ellos Dewey y Natorp. En la escuela todo se socializa, desde los programas escolares hasta el trabajo en equipo (surgiendo de aquí las dinámicas de grupo)

3. EL “SIGLO DEL NIÑO” Y LA EDUCACIÓN CONTEMPORÁNEA

El “siglo del niño” y la educación contemporánea

En los últimos decenios del siglo XIX se lleva a cabo en pedagogía la llamada “revolución copernicana”. Supone un nuevo concepto de educación que lleva a las extremas consecuencias una idea ya entrevista por Rousseau, y otros autores, y por los mejores pedagogos del ochocientos. Según este crite­rio, el centro vivo y verdadero de la escuela no es el maestro -considerado como transmisor del propio saber- sino el alumno.

El pensamiento de la escuela tradicional, tendía a la comunicación de saberes abstractos y la adqui­sición de hábitos señalados por los miembros adultos de la comunidad a los que debía adaptarse el muchacho. Una escuela pasiva, abstracta y verbalista fundada más bien en los intereses de quien enseña.

De la nueva escuela se destierra el predomino de la instrucción sobre la educación, el verbalismo, la excesiva autoridad del maestro sobre el alumno. Se pasa de la escuela como “preparación para la vida” a la escuela “vida”.

Surgen diversas tentativas de llevar a la práctica estas concepciones. La primera, la de Tolstoi, apoyada teóricamente por Ellen Key, que en su libro El siglo del niño, reclama como postulado esencial el respeto a la infancia. Su frase “dejemos a los niños que vivan a su manera” tendrá repercusiones y consecuencias tanto en el terreno especulativo como en el práctico. La eclosión de las escuelas nuevas, con toda la serie de organizaciones nacionales e internacionales que las respaldan, las recientes elabora­ciones jurídicas, como la Declaración de los derechos del niño en 1920, y la Carta Nueva de la Infancia en 1942, marcan acontecimientos que claman por una nueva exigencia: que las necesidades de la infan­cia sirvan de base a todo buen sistema de educación.

A comienzos del siglo XX la actividad educativa se vio muy influida por los escritos de la feminista y educadora sueca Ellen Key. Su libro El siglo de los niños (1900) fue tradu­cido a varias lenguas e inspiró a los educadores progresistas en muchos países. La educación progre­sista era un sistema de enseñanza basado en las necesidades y en las potencialidades del niño más que en las necesidades de la sociedad o en los preceptos de la religión. Esta idea había existido bajo otros nombres a lo largo de la historia y había aparecido de diferentes formas en diversas partes del mundo. Un ejemplo es la Institución Libre de Enseñanza en España. Entre los educadores de mayor influencia cabe señalar a los alemanes Hermann Líetz y Georg Kerschensteiner, al británico Bertrand Russell y a la italiana María Montessori.

En Estados Unidos tuvo una enorme influencia, luego extendida a todo el mundo, el filósofo y educador John Dewey. El programa de actividad que se derivaba de sus teorías fortalecía el desarrollo educativo del alumno fomentando sus necesidades e intereses. Llegó a ser el método principal de instrucción durante muchos años en las escuelas de Estados Unidos y de otros países, ejerciendo amplia influencia en los sistemas educativos de los países de América Latina.

Después de la Revolución Rusa (1917) la Unión Soviética desarrolló una experiencia interesante en el campo educativo, particularmente desde 1957, cuando fue lanzado al espacio el Sputnik, el primer satélite que mostraba el avanzado estado del saber tecnológico soviético. Esto hizo que numerosos visi­tantes extranjeros, especialmente personas procedentes de los países desarrollados, quisieran conocer el sistema imperante en las escuelas soviéticas. Contribuyeron al interés internacional por la educación soviética las teorías y prácticas pedagógicas que procedían de la ideología marxista-leninista, tan bien expresadas en el trabajo de Antón S. Makarenko, un exponente de la rehabilitación de los delincuentes juveniles y de la educación colectiva durante los primeros años de la Revolución.

El siglo XX estuvo marcado por la expansión de los sistemas educativos de las naciones industriali­zadas así como por la aparición de los sistemas escolares entre las naciones más recientemente indus­trializadas de Asia y África. La educación básica obligatoria es hoy prácticamente universal, pero la realidad indica que un amplio número de niños (quizá el 50% de los que están en edad escolar en todo el mundo) no acuden a la escuela. En orden a promover la educación en todos los niveles, la Organiza­ción de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), realiza campañas de alfabetización y otros proyectos educativos orientados a que ningún niño en edad escolar deje de acudir a la escuela por no existir ésta, pretendiendo así acabar con el analfabetismo. Se han constatado algunos progresos, pero es obvio que se necesitan más esfuerzos y más tiempo para conseguir la alfabetización universal.

La educación en el siglo XXI. Horizontes, principios y orientaciones

El eran reto en el mundo de la enseñanza de hoy, es contar con nuevos planteamientos y con profe­sores competentes para los mismos. Se está poniendo en evidencia una situación de crisis en los mode­los que sustentan tanto la formación como la proyección profesional de los formadores. Las variaciones de conocimiento científico y de las estructuras sociales y culturales se están produciendo a un ritmo tan acelerado, que no están dando tiempo a la búsqueda y asentamiento de nuevos modelos y concepciones del entramado educativo. Este ritmo acelerado hace poco viables los planteamientos analíticos y pros­pectivos, por tanto lo que se necesita actualmente son modelos dinámicos, susceptibles de servir en un sistema en constante movimiento, contemplando los cambios, siempre, de una manera total. Nos enfrentamos a un nuevo marco teleológico que exige nuevos modelos pedagógicos.

Uno de los grandes retos para la educación del siglo XXI, son las Nuevas Tecnologías de la Informa­ción y la Comunicación (TICs), las cuales representan nuevos modos de expresión, y por tanto, nuevos modelos de participación y recreación cultural sobre la base de un nuevo concepto de alfabetización. La clave está en establecer su sentido y aportación en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

A. Los pilares de la educación

  • Aprender a conocer; su finalidad es el domino de los instrumentos del saber, cada persona debe comprender el medio que le rodea, su justificación es el placer de comprender, de cono­cer, de descubrir. El ejercicio del pensamiento debe entrañar una articulación entre lo concre­to y lo abstracto, entre lo inductivo y lo deductivo. El proceso de adquisición de conocimien­tos no concluye nunca.
  • Aprender a hacer; aprender a conocer y aprender a hacer son indisociables. Aprender a hacer está relacionado con la formación profesional. La pregunta que se plantea la Comisión ya la que trata de dar respuesta es: cómo enseñar al alumno a poner en práctica sus conocimientos y cómo adaptar la enseñanza al futuro mercado de trabajo cuya evolución no es previsible. Aprender a hacer no consiste en preparar para una tarea material bien definida; los aprendi­zajes deben evolucionar y ya no pueden considerarse mera transmisión de prácticas más o menos rutinarias. Se ha de pasar de la noción de calificación a la de competencia.
  • Aprender a vivir juntos. La educación tiene pues una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependen­cia entre todos los seres humanos. El descubrimiento del otro pasa obligadamente por el cono­cimiento de uno mismo, ha de descubrir quién es para poder ponerse en el lugar del otro, hay que fomentar la empatía. Un instrumento fundamental de la educación del siglo XXI es el diá­logo y el intercambio de argumentos. Hay que trabajar desde muy temprana edad en grupos para tender hacia unos objetivos comunes, tanto profesores como alum­nos, esto hace que el aprendizaje de un método de solución de conflictos, dando lugar a la vez al enriquecimiento de la relación entre educadores y educados.
  • Aprender a ser. La función esencial de la educación es conferir a todos los seres humanos la libertad del pensamiento, de juicio entre otros. La innovación tanto social como económica es uno de los motores en un mundo de permanente cambio, hay que llevar a cabo la imaginación y la creatividad, habrá que ofrecer posibles oportunidades de descubrimiento y experimenta­ción. El desarrollo tiene por objeto el despliegue completo del hombre, este desarrollo va desde el nacimiento del ser hasta su muerte, es un conocimiento dialéctico que comienza en sí mismo y luego se abre a los demás. Por tanto, la educación es un viaje interior y sus etapas correspon­den a la maduración.

B. La educación a lo largo de la vida

El concepto de educación a lo largo de la vida es una clave para entrar en el siglo XXI Este concepto va más allá de la distinción tradicional básica y educación permanente y coincide con una noción formulada a menudo: la de la sociedad educativa, en la que todo puede ser ocasión para aprender y desarrollar las capacidades del individuo.

Con este nuevo rostro, la educación permanente se concibe como algo que va más allá de lo que hoy se practica, particularmente en los países desarrollados, a saber, las actividades de nivelación, de perfec­cionamiento y de conversión y promoción profesionales de los adultos. Ahora se trata de que ofrezca a todos la posibilidad de recibir educación, y ello con fines múltiples, tanto se trata de brindar una segunda o tercera ocasión educativa o de satisfacer la sed de conocimientos, de belleza o de superación personal como de perfeccionar o ampliar los tipos de formación estrictamente vinculados con las exigencias de la vida profesional, comprendidos los de formación práctica.

4. EDUCACIÓN INFANTIL Y ESCUELA INFANTIL

El carácter educativo de la educación infantil

El valor que se le adjudica al papel de la educación en la formación y el desarrollo humano es complejo.

Por una parte, una corriente de opinión habla de edu­cación refiriéndose a la acción que se realiza únicamen­te en la escuela. Por otra parte, otra corriente educado­ra otorga el valor fundamental de la formación al medio sociocultural en el que se desenvuelve el sujeto, (quedando la escuela en un plano casi secundario y con un papel meramente socializador). Aunque este análisis sea reduccionista se debe ser consciente de que es cierta la ambigüedad sobre el valor que tiene hoy en día el medio escolar.

En este sentido se puede preguntar si la educación es un tipo de intervención, y efectivamente lo es, y así se ha visto en la unidad anterior. Por lo tanto se puede de­finir el concepto de educar como la intervención en los sujetos para cambiar o modificar alguna conducta y ense­ñar otras nuevas.

Pero, ¿qué sucede cuando el objeto de intervención es un niño menor de 3 años? Evidentemente esta defini­ción tendrá que matizarse dado que el niño se encuen­tra en un proceso de conformación y, por ello, se puede considerar la educación en la etapa infantil como aque­lla intervención destinada a favorecer el desarrollo inte­gral del infante en todos sus aspectos (biológico, cognitivo, psicomotriz, intelectual y socioafectivo) a partir de expe­riencias de socialización pedagógica.

Se debe tener en cuenta también que en la época actual predomina más el tener que el saber. El tener en el sen­tido de poseer información en cantidades importantes, y el saber, que estará relacionado con la facultad de ser capaz de procesar la información y de eliminarla. Las exigencias se encaminan a tener mucha información más que a saber procesarla y eliminarla.

Además, la tecnificación de la cultura actual la ha lleva­do a que todo lo que se realice pueda ser medible y cuantificable y si no es así carece de fiabilidad, ello comporta que la educación en este momento esté su­friendo un proceso de medición constante que muchas veces hace olvidar la individualidad de los sujetos y la aboca a la falsa verdad de la normalidad estadística, que únicamente se debería usar como referente y nunca como norma.

Teniendo en cuenta estas valoraciones, cabe pensar en qué aspectos se deben potenciar mediante la interven­ción educativa para que el desarrollo integral de los ni­ños sea lo más armónico posible. Se puede actuar en este sentido priorizando la intervención en las capaci­dades del saber, (potenciando las facultades inherentes a cada niño), sobre las del tener (actuación como trans­misor de conocimientos).

Actualmente en las escuelas infantiles se debe priorizar la interven­ción sobre las capacidades y facultades del saber sobre la mera trans­misión de conocimientos.

La etapa preescolar o infantil tiene unas características propias dentro del sistema educativo, sus diferencia­ciones y peculiaridades vienen definidas tanto por su carácter global como por su carácter individual, y no se puede intervenir en el niño de estas edades olvidando esta dualidad.

— El carácter global de la educación infantil es un principio básico, ya que no se está trabajando sólo para el desarrollo intelectual o psicomotor o social, sino que se debe intervenir con la misma intensi­dad en todas las facetas de su desarrollo personal.

— Por otra parte no hay que olvidar su carácter indi­vidual, no se puede aplicar la misma intensidad de acción en todos los individuos dado que en esta etapa la maduración del sistema nervioso tiene un carácter individual, además, se debe tener en cuen­ta que el proceso de desarrollo psiconeurológico está sujeto a alteraciones y ritmos diversos.

El carácter asistencial de la educación infantil

La educación preescolar ha tenido históricamente un carácter asistencial. El cuidado de los niños pequeños en ausencia de sus padres, o por carencias familiares, ha llevado a la necesidad social de crear lugares donde se les pudiera acoger.

Por otra parte, desde los profesionales de la educación infantil se ha podido observar que la asistencia sistemá­tica de los niños pequeños a las aulas infantiles les su­pone una ayuda en su proceso madurativo personal.

Por ello, aunque no exista una teoría que clarifique si es mejor que los niños se queden en casa o que vayan a la escuela infantil, la práctica indica que ante la au­sencia cada vez mayor de los padres, aunque la familia no presente carencias de ningún tipo, es mejor que los pequeños estén relacionándose en un espacio común con otros niños y ayudados por expertos en su educa­ción.

¿Qué significado hay que darle a la escuela infantil?

Esta pregunta hay que planteársela como una revalori­zación de la escuela infantil. La escuela infantil debe plantearse como el inicio de la educación, los funda­mentos en los que las personas basarán todo su futuro aprendizaje. Por lo tanto hay que huir de los plantea­mientos en que la función de las escuelas priorizan sus acciones en guardar a los niños por una necesidad de los padres, más que en educarlos por una necesidad de la maduración de los sujetos.

A tenor de lo dicho en el apartado anterior, tampoco hay que pensar que la escuela infantil sea un lugar don­de el aprendizaje de conceptos sea lo fundamental, sino que deben ser los espacios donde vayan madurando los procesos mentales que hacen posible la adquisición del conocimiento.

En el momento que se incorpora a un niño a la dinámi­ca de una escuela hay que preguntarse de qué forma se va a plantear su educación. En este sentido la escuela debe ser un elemento facilitador y potenciador.

  • Facilitador en el sentido de poner al alcance de los sujetos aquellas herramientas que ayuden a su cre­cimiento.
  • Potenciador del desarrollo y maduración de las ca­pacidades del pequeño.

La escuela infantil no es, por lo tanto, un elemento pa­sivo proveedor de información y un mero observador del desarrollo humano, sino que se convierte en un mediador social y en un activador psicológico. Es un mediador social por ser el elemento que relaciona al niño con el exterior, con su realidad, elaborando esquemas de comunicación. Y es un activador psicológico por ser el “analista” de la evolución del niño y su “co­rrector”.

Hay que recordar que las teorías del desarrollo humano cuando analizan estas edades y esquematizan las posi­bles conductas (motoras, de lenguaje, afectivas, etc.), indican la importancia de estimular-inhibir las res­puestas.

Así pues, el papel que cumple la escuela infantil es fun­damental para el desarrollo posterior del niño.

5. HISTORIA DE LA EDUCACIÓN INFANTIL

La historia de la educación infantil se inicia cuando, a mediados de siglo XIX, se plantea la educación como fundamental en el desarrollo posterior de las personas, lo que lleva a estudiar cuáles son los elementos educables en cada una de las etapas del crecimiento.

Hasta entonces el estudio de la infancia había sido pu­ramente médico, esos primeros años que no eran más que el preámbulo a la vida de adulto tenían importan­cia para poder conseguir después un adulto fuerte, con lo cual lo único importante era satisfacer sus necesida­des más primarias.

Sin embargo, fue a partir del siglo XX, a raíz de los estu­dios realizados desde diferentes disciplinas, que se con­solidó la idea de que la etapa infantil se debía conside­rar como un período propio del individuo, en el que el ser humano madura y se desarrolla y en el que se ve in­fluido por el medio exterior. Por lo tanto se pasó a con­siderar la etapa infantil como una etapa educable. Todo ello fue posible gracias a los cambios sociológicos y a los estudios de las diferentes corrientes, especialmente las psicológicas y las pedagógicas.

El papel de la escuela infantil en la sociedad se ha visto potenciado en las últimas décadas por diferentes facto­res sociológicos.

Probablemente el más importante ha sido la necesidad creciente de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo (bien por necesidades económicas, bien por as­pectos del desarrollo cultural), unida a la fragmenta­ción sucesiva de los grupos familiares, donde otros miembros de la familia (abuelos, tíos,…) juegan un pa­pel sustitutivo paterno.

Mientras la sociedad no ha tenido la necesidad de crear espacios infantiles no se ha ido percibiendo la impor­tancia que tiene la profesionalización de educadores es­pecializados en esta etapa y la ayuda que supone para sus niños un lugar donde esos educadores potencien, apoyen y dinamicen su desarrollo y crecimiento madu­rativo.

Por otra parte la sociedad ha otorgado a la educación infantil un aspecto compensatorio de carencias socio-culturales. Este valor se dio sobre todo en la primeras escuelas infantiles que aparecen como guarderías don­de el significado de guardar hace referencia a una nece­sidad laboral y social.

Laboral en cuanto a lo que ya se ha indicado sobre la in­corporación de la mujer al mundo laboral, y social en cuanto a que existen situaciones desfavorecedoras para el crecimiento madurativo del niño, como por ejemplo abandonos, malos tratos, etc., que sitúan al infante en desigualdad de condiciones respecto a sus iguales, im­pidiéndole un desarrollo social y cultural.

Sin embargo, en muchas culturas todavía no se ve la ne­cesidad de este nivel escolar dado que se mantiene una idea tribal de grupo, haciendo en muchos casos de ma­dres sustitutorias mujeres cercanas a la familia sin rela­ción de parentesco. Son acciones que encierran un con­cepto primario de la relación humana y que no tiene más objetivo que la ayuda entre iguales,

La Escuela Nueva

Fruto de las ideas li­berales que impregnan la segunda parte del siglo XX. Surge el movimiento de la Escuela Nueva. Estas escuelas, se organizan en Europa y América y sus preocupaciones básicas son:

  • El niño como protagonista de las actividades escolares. Hay que trabajar desde sus intereses y necesidades vitales hacia el desarrollo de sus potencialidades físi­cas, intelectuales, creativas. Con un contexto favora­ble para el trabajo, el cual debe ser un medio para el logro de objetivos prácticos, y consiguiendo un cli­ma de respeto a la individualidad de cada niño.
  • El maestro como apoyo, como auxiliar en los eventos, situaciones y procesos, como animador de la volun­tad del niño y promotor de conductas orientadas ha­cia la creación de la autodisciplina y la autonomía.
  • La escuela como antesala de la inserción del sujeto en la vida social.

Los Movimientos de Renovación Pedagógica

Ya en las últimas décadas del siglo XX y basándose en los principios de la Escuela Nueva y Activa, los educa­dores de la escuela infantil han conseguido un grado de especialización que les ha llevado a crear sus propios espacios de reflexión.

En Cataluña los Movimientos de Renovación Pedagó­gica han creado foros de discusión sobre las ideas de los autores anteriormente citados, reformándolos y apli­cándolos a la escuela infantil.

Grupos de trabajo como el creado por la Agrupación de Maestros de Rosa Sensat han servido para valorar el trabajo individual o de grupo que en algunas escuelas infantiles se venía realizando.

Por otra parte numerosas publicaciones dedican al tema de la educación en la infancia un espacio impor­tante, dándole el énfasis que requiere por su importan­cia en la evolución humana.

Los Modelos Pedagógicos Actuales.

Actualmente todos aquellos movimientos de educado­res que se sentían unidos a una tendencia pedagógica, han ido diluyéndose y perdiendo fuerza. La realidad ac­tual indica que el educador no trabaja, por norma, bajo los principios de una sola escuela pedagógica, sino que prefiere tomar aquellos principios o técnicas de los di­ferentes teóricos de la educación, que mejor se adaptan a su metodología.

Las tendencias montessorianas, decrolinianas y freinetianas han sido asumidas en la mayoría de los plantea­mientos educativos, y los educadores las han hecho propias. En todos los centros educativos se encuentran recursos (la biblioteca, material sensoriomotriz, mate­rial sensorial,…) y procedimientos (las asambleas de clase, los murales, las salidas,…) que proceden de todas estas tendencias.

Si se hace un análisis de las metodologías que utilizan los educadores infantiles en el aula, se ve que partieron de lo que se denominó la Escuela Nueva, activa o pro­gresista, que nació como contraposición a la escuela tradicional, represiva y uniformadora. Sin embargo ac­tualmente ha perdido su carácter revolucionario para convertirse en los fundamentos de las leyes educativas actuales.

Los educadores han cedido la reivindicación educativa a la reivindicación socioeducativa. Planteamientos como el de democratización, igualdad, calidad, mueven a ciertos colectivos del profesorado y el objetivo de es­tos planteamientos se consigue a través de las metodo­logías que se han llamado de escuela nueva o escuela activa, utilizándolas y adaptándolas para que sean lo más eficaces posibles en un medio determinado.

Algunos autores sienten una especial preocupación por el papel que debe asumir la escuela a lo largo del siglo XXI. En algunas escuelas infantiles ya se está trabajan­do con temas de ámbito social y cultural: la Constitu­ción, la cooperación, la igualdad, la competitividad bien entendida, etc., que son aspectos que deben plan­tearse en contraposición a la cultura de la calle y de los medios de comunicación.

Para conseguir que temas que parecen tan abstractos sean realizables a nivel escolar, no hay más que analizar y utilizar los principios de Decroly.

Unos de sus funda­mentos era la libertad del niño educado en democracia. Indicaba que se deben educar ciudadanos, personas preparadas para la vida y que sean capaces de integrar­se en la sociedad. El respeto y la solidaridad se puede empezar a educar en las edades más tempranas: la par­ticipación en los juegos, el compartir materiales, la uti­lización de unas normas, la limpieza de la clase, el cui­dado de plantas y animales, etc., son recursos que se aplican en las aulas de infantil. Priorizando y combi­nando los objetivos de descubrimiento del entorno con los de actitudes y valores se puede llegar a obtener re­sultados que serán el fundamento en las etapas superiores.

Otros planteamientos generales que impregnan mu­chos de los proyectos educativos de los centros son los relacionados con la educación para la salud y la sostenibilidad del entorno. La salud entendiendo al indivi­duo como un todo, no disociando salud física de men­tal y social; y la sostenibilidad del entorno, intentando transmitir el respeto por todo lo que nos envuelve. Es­tos temas se traducen en actividades hacia los niños y hacia sus responsables. Actividades como la elabora­ción de los menús infantiles entre padres y educadores, analizando la importancia de los alimentos para el cre­cimiento; y otras como trabajando con los niños el res­peto y el cuidado de las plantas.

La investigación-experimentación y la creatividad (su­mado al respeto por la cultura) son los otros dos aspec­tos que se trabajan en la educación infantil actual. La experimentación, tanto en él mismo como con los ele­mentos que le llaman la atención de su entorno. Y la creatividad como desarrollo de la libertad individual, del placer, y del interés por la cultura. Experiencias rea­lizadas en el aula infantil con autores del mundo de la pintura como Picasso sirven para trabajar, desde la esti­mulación a través del color, la capacidad estética y el gusto por crear.



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