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Tema 14A – Las necesidades educativas especiales de los alumnos y de las alumnas con deficiencia auditiva. Aspectos diferenciales en las distintas áreas del desarrollo. Identificación de las necesidades educativas especiales de estos alumnos. Sistemas de detección del déficit auditivo

Introducción

1. Las necesidades educativas especiales del alumnado con déficit auditivo

1.1. Pérdidas auditivas. Definición y clasificación

1.2. Necesidades educativas especiales del alumnado con déficit auditivo.

2. Aspectos diferenciales de las distintas áreas del desarrollo

2.1. Lenguaje y comunicación

2.2. Nivel intelectual

2.2.1. El juego simbólico

2.3. Desarrollo social y afectivo.

2.4. Desarrollo motor

2.4.1. Evaluación de la motricidad

2.4.2. Dificultades perceptivas

2.4.3. Rapidez motora

2.4.4. Coordinación locomatriz

2.4.5. Lateralidad

2.4.6. Madurez motora

2.5. Desarrollo de la atención e imitación.

3. Identificación de las necesidades educativas especiales de este alumnado.

3.1. Información sobre la historia personal del alumno

3.2. Nivel de competencia curricular

3.3. Estilo de aprendizaje y motivación para aprender

3.4. Contexto

3.5. Necesidades educativas especiales

4. Sistema de detección de sordera

4.1. Audiología en los primeros años

4.2. Audiometría.

Bibliografía

1. Las necesidades educativas especiales del alumnado con déficit auditivo.

1.1. Pérdidas auditivas. Definición y clasificación

La Organización Americana para Sordos en 1938 definición al individuo con deficiencia auditiva de la siguiente forma: “sordo es aquel sujeto cuya audición no es funcional para la vida ordinaria”.

Lanfot realiza varias clasificaciones según el criterio que se tenga en cuenta:

OSegún la localización de la lesión:

¯Sordera de transmisión: se relaciona con problemas de oído medio. Son las que producen el deterioro de la audición menos grave.

¯Sordera de percepción: se relaciona con problemas de oído interno y produce un mayor deterioro de la audición.

OSegún su etiología:

¯Sorderas congénitas: de 0 a 3 años.

¯Sorderas adquiridas: a partir de los 6 años. Si han aparecido entre los tres y cinco años, habrá que considerarlas como adquiridas, pero precisando el momento de su aparición.

OSegún el grado de pérdida de audición:

¯Audición normal o sensiblemente normal: umbral inferior a 20 dB.

¯Deficiencias auditivas ligeras: umbral inferior entre 20 y 40 dB.

¯Deficiencias auditivas medias: umbral inferior entre 40 y 70 dB.

¯Deficiencias auditivas severas: umbral inferior entre 70 y 90 dB.

¯Deficiencias auditivas profundas: umbral inferior igual a 90 dB.

¯Campo auditivo normal. gráfico de base:

1.2. Necesidades educativas especiales del alumnado con déficit auditivo.

Las necesidades educativas especiales más comunes en el niño con déficit auditivo son:

Lenguaje: la audición es la vía fundamental por la que se desarrolla el habla y el lenguaje. Las alteraciones en la audición pueden causar, a cualquier edad, problemas de comunicación, si bien existen determinados periodos del desarrollo en que esto puede ser más perjudicial.

Lectura y escritura: un tanto por ciento muy elevado de la población con deficiencia auditiva carece de un nivel de lectura comprensivo mínimo. Para éste la lectura es un aprendizaje extremadamente difícil; en muchos casos, domina la mecánica del deletreo pero sin apenas comprensión.

Escritura: el lenguaje escrito en la persona con deficiencia auditiva está enormemente afectado. Marchesi sostiene que los problemas que tienen los sordos con la escritura están vinculados a las dificultades del lenguaje oral y la comprensión.

Comportamiento: Muchos autores han señalado que el niño con deficiencia auditiva suele presentar problemas socioafectivos. Myklebust (1960) señala que las personas con deficiencia auditiva carecen de madurez social en su falta de expresión de “sentimientos de compasión hacia sus semejantes”.

Motricidad: aunque se encuentren sus capacidades motóricas normalizadas, están por debajo de la media en la lateralidad, coordinación locomotriz, equilibrio y rapidez motórica.

2. Aspectos diferenciales de las distintas áreas de desarrollo

2.1. Lenguaje y comunicación

Las características diferenciales del alumnado con deficiencia auditiva van a depender básicamente de dos variables:

ëEl grado de pérdida auditiva

ëEl momento de aparición de la deficiencia.

La aparición brusca de una deficiencia auditiva severa, va a tener importantes repercusiones en el habla y en el lenguaje. El deterioro lingüístico dependerá de la edad del niño y, por consiguiente de su grado de desarrollo lingüístico.

Como características generales de las sorderas postlocutivas, aparecen las siguientes:

ëLa nasalidad se implanta rápidamente. Se altera la melodía de la voz y el ritmo se lentifica o se precipita.

ëEn el habla aparecen alteraciones de las fricativas, confusiones entre sordas y sonoras, y deformación de las vocales /e/, /i/.

Con respecto a las alteraciones del lenguaje, es muy importante el momento de aparición o la edad que tiene el niño cuando se presenta la disminución auditiva.

Myklebust distingue los siguientes niveles en función de la edad:

{Sordera prenatal o anterior a los dos años: la adquisición lingüística que posee el niño será escasa y frágil, además desaparecerá rápidamente. Al niño se le considera como deficiente auditivo de tipo congénito. Es el grupo más afectado en cuanto a capacidad de comunicación, y precisa de un tratamiento especializado.

{De 2-3 a 5-6- años: se puede evitar si hay una identificación temprana y se utilizan los recursos especializados rápidamente. La lectura labiofacial y el aprendizaje precoz de la lectura ayudará mucho al desarrollo y conservación del lenguaje.

{Años escolares (después de los 6 años): la función del lenguaje se encuentra ya plenamente fijada, tanto para el lenguaje interno como para otros fines. La lectura permite una compensación a la ausencia de las percepciones auditivas. Se puede producir un empobrecimiento del vocabulario. La lectura labiofacial va a permitir mantener la comunicación oral.

El niño que padece una sordera grave de tipo congénito tiene falta de conciencia del mundo sonoro. Su voz, habla y lenguaje se hallan afectados, en mayor o menor grado. Dependiendo de la intensidad de la pérdida.

La voz de bebés sordos y normooyentes no difiere demasiado. Lo más destacado es la ausencia de ritmos en la etapa del laleo. Sin embargo, el sonido laringeo no se altera hasta aproximadamente los tres años. La ausencia de feed- back auditivo conduce a que aparezcan deformaciones.

El niño con deficiencia auditiva, cuando ya emite fonemas, controla menos las vocales que las consonantes. Las vocales son emitidas a una intensidad mayor que las consonantes, y entre las consonantes, tiene mayores dificultades con las fricativas que con las oclusivas.

Con respecto al lenguaje, aún los desmutizados y sometidos a un tratamiento especializado, presentan un vocabulario pobre e impreciso y muy confuso. Perciben mal los matices. En las estructuras morfosintácticas persisten mucho tiempo incorrecciones de distintos tipos que no difieren mucho de las que surgen en los niños disfásicos. Se parecen a las de los extranjeros que utilizan frases hechas. Aprenden los elementos de la lengua pero tienen dificultades para manejarlos.

2.2. Nivel intelectual

No existe diferencia significativa hasta los 3 años en la comparación con el niño oyente, respecto al plano mental. Sólo progresivamente se detecta cierto retraso en el niño sordo. Hasta los 8 años, el retraso puede cifrase en más de dos, pues la ausencia del lenguaje no le ha permitido acceder a una maduración en lo que respecta a la conceptualización de las abstracciones.

El razonamiento abstracto requiere para su pleno desarrollo una serie de exigencias que conduzcan a la maduración del sistema perceptivo y a la categorización de los signos recibidos. Hasta los 5 años el niño no suele comenzar el pensamiento abstracto para deducir, oponer y construir. Tales mecanismos se estructuran lentamente a lo largo de los cuatro primeros años. El educador no debe desaprovecharlos por lo necesarios que son para conseguir el equilibrio psicológico y el comportamiento social del niño sordo, favoreciendo al máximo las oportunidades educativas y preparando el ambiente, tanto humano como material, de forma suficiente como para que el niño con deficiencia auditiva entre en contacto con los objetos y las personas por medio de sus restantes sentidos.

2.2.1. El juego simbólico

En el niño con deficiencia auditiva el educador debe potenciar el juego simbólico como paso a la adaptación social de la realidad. Partiendo de situaciones y objetos concretos que el niño percibe con el resto de sus sentidos, para progresivamente ir ampliando estos esquemas mentales según sean las relaciones que el niño va ya estableciendo y el ritmo de aprendizaje de éstos.

Para el favorecimiento del pensamiento simbólico en el niño con deficiencia auditiva es primordial potenciar la imitación y crear situaciones cálidas y afectivas con ambiente de juego.

Es sumamente útil preparar los estímulos adecuadamente para que primero utilice instrumentos reales a través del tacto y seguidamente, otros instrumentos sustitutivos para alcanzar así la representación.

En el periodo de 1 a 2 años, lo que el niño hace fundamentalmente es imitar. El niño sordo suele tener el hábito de hacer muecas, mirar muy expresivamente a las personas, al tiempo que mueve la boca sin imitar sonido alguno. Hay entonces que aprovechar éste preparando la estimulación ambiental, sobre todo en situaciones gratificantes para él, para ir así desarrollando la capacidad de imitar y la necesidad de comunicarse.

2.3. Desarrollo social y afectivo

La sordera conduce a una dificultad de comunicación, a un impedimento para la adquisición del lenguaje, obstáculos que marcan su comportamiento y dificultan su desarrollo psicológico.

Frecuentemente, el niño con deficiencia auditiva se coloca en posición defensiva y permanece negativista, rehusa a participar, se opone a separarse de aquellos que acostumbra a tener cerca, sobre todo cuando los padres son sobreprotectores.

El niño a menudo es duro, colérico, violento, pero todo esto resulta de la imposibilidad de comunicación con los que le rodean, de hacerse comprender y captar el deseo de los demás. Cuanto más joven se empieza su educación, más importante es que el educador ponga las bases en la prevención, en lo que respecta a la educación de las reacciones del niño, y evitar así la aparición de trastornos caracteriales. De esta forma, el niño aprenderá a matizar su comportamiento y relaciones con quienes le comprenden.

Estas características específicas del comportamiento, que son producto de su incomunicación, están incidiendo de forma negativa en su desarrollo social y afectivo, al igual que en la progresiva autonomía. A ello también contribuyen factores como la dependencia de la familia, y la reacción de inseguridad que le produce la propia deficiencia.

2.4. Desarrollo motor

2.4.1. Evaluación de la motricidad

Un individuo con sordera puede padecer perturbaciones motoras a causa principalmente de complicaciones en el oído, nervio o sistema nervioso central.

Con todo, hay otra consideración a tener en cuenta y es que la sordera puede alterar en sí mismas las funciones motoras. En dicho caso, los trastornos de motricidad serían algo subsiguiente a la privación sensorial.

Algunos estudios especializados señalan ciertos problemas en las praxias psicomotrices. En general, todos coinciden en un ligero retraso de la marcha.

El caminar de los niños sordos puede ser desgraciado, un balanceo defectuoso de los brazos, los pies se arrastran ruidosamente al no ser oídos, etc.

2.4.2. Dificultades perceptivas

La audición contribuye a la estructuración del tiempo; el niño sordo se encuentra disminuido por una desestructuración temporal. El mundo percibido de forma global requiere la utilización de varios sentidos a la vez, así pues, la sordera altera toda la organización perceptiva del entorno, modificando las reacciones frente a las circunstancias externas y el comportamiento. También se observa una inadaptación dinámica a la dificultad de percibir las distancias, el niño sordo se sitúa mal en su entorno y tiene dificultades en el reconocimiento de volúmenes y distancias.

2.4.3. Rapidez motora

Según los resultados de Myklebust sobre la rapidez en la destreza manual, el niño sordo, en una primera aproximación se encuentra igual al oyente, sólo cuando se trata de funciones motoras más complicadas su rapidez es inferior.

Sin embargo, a pesar de no ser inferiores en rapidez de ejecución, los errores son mucho mayores y más frecuentes en los sordos que en los oyentes.

2.4.4. Coordinación locomotriz

Myklebust pasó una prueba bastante más compleja que la de una simple destreza manual, a un grupo de niños con y sin deficiencia auditiva. Dicha prueba incluye factores visomotores, el equilibrio, la kinestesia, el tono corporal y la integración total del organismo. Los resultados demostraron que los sordos son inferiores a los oyentes en la coordinación motora. Lo que indica que en las primeras edades comienza siendo inferior y, aunque después experimente una maduración progresiva, no llega a alcanzar la capacidad coordinadora normal.

2.4.5. Lateralidad

No parece que la sordera influya directamente en el desarrollo de la lateralidad, ni de la mano ni de la pierna, es más lógico pensar que la incidencia superior de una lateralidad atípica en el sordo encuentra su raíz en una frecuencia también mayor en él de perturbaciones del Sistema Nervioso Central.

2.4.6. Madurez motora

En general, podemos decir: el niño con deficiencia auditiva desde sus primeros años, tiene un nivel normal de madurez en cuanto a sentarse y andar, tampoco es inferior en destreza manual pero, sin embargo, está por debajo de la media normal en la lateralidad, movimientos simultáneos, coordinación locomotriz y equilibrios.

2.5. Desarrollo de la atención e imitación

Son estos aspectos importantes a tener en cuenta en la educación del sordo, por su incidencia en el desarrollo posterior, encontrándose íntimamente unidos a la estimulación tanto auditiva como táctil y visual. El niño sordo se presenta como “poco atento”, consecuencia de su propia deficiencia al no discriminar el mundo sonoro que le rodea. El despertar de esta capacidad desde un primer momento mediante la estimulación de los sentidos, le va a facilitar el proceso de aprendizaje del lenguaje como sistema de comunicación, siéndole necesaria una perfecta discriminación visual de las articulaciones realizadas por el otro. Ayudándole, a integrarse en el mundo del oyente y a no encerrarse en su propio mundo.

Se desarrollará esta capacidad de atención a través de formas, colores…, y distintos aspectos que pueda discriminar con la vista, en la medida de lo posible, se hará con la estimulación auditiva.

Será indispensable estimular y afianzar la capacidad imitativa ya que el sordo tendrá que utilizar su capacidad imitativa para corregir sus errores motores. También harán uso de la imitación para aprender conductas de los oyentes, sintiéndose así más integrados.

3. Identificación de las necesidades educativas especiales de este alumnado.

3.1. Información sobre la historia personal del alumno.

Si se sospecha que un niño puede tener trastornos auditivos, se le deben realizar las pruebas o exámenes siguientes:

Una exploración otorrinolaringológica, buscando los aspectos siguientes:

œElementos inflamatorios de la rinofaringe.

œOtitis o secuela de otitis.

œMalformación del pabellón y del conducto auditivo externo.

Un examen logopédico para precisar las características de la voz y apreciar la organización y la realización del habla y el lenguaje, así como la comprensión con o sin lectura labiofacial.

Un examen psicológico

Un examen psicosociocultural y de la personalidad

Un examen audiométrico

Un examen neurológicoy psicomotriz

Un examen genético

3.2. Evaluación del alumnado en el contexto de enseñanza- aprendizaje

La información que interesa extraer en este proceso es aquella útil para la determinación de NEE de estos alumnos y relevante a la hora de la toma de decisiones curriculares.

¨Información sobre el alumno

Desarrollo general del alumno: competencia curricular, aspectos biológicos, intelectuales, del desarrollo motor, comunicativo- lingüísticos, de adaptación e inserción social, y emocionales.

Historia de aprendizaje: va a reportarnos información global de sus experiencias, derivadas de las relaciones con su familia, entorno, escuela, etc. Para conocer su historia de aprendizaje la desglosaremos en: características de su historia escolar; características de su relación con la familia; características con respecto a su comunidad o entorno.

Nivel de competencia curricular: implica determinar lo que es capaz de hacer el alumno en relación con los objetivos y contenidos de las diferentes áreas del currículo ordinario. Se evaluará respecto a los objetivos y contenidos establecidos en las distintas áreas curriculares del ciclo anterior, y en caso necesario, se recurrirá a los de ciclos anteriores del continuo curricular.

Estilo de aprendizaje y motivación para aprender: condiciones medioambientales, respuestas y preferencias para realizar tareas escolares, áreas, contenidos y tipo de actividades en las que se siente más interesado, más cómodo y seguro, nivel de atención del alumnado, etc.

¨Información del entorno del alumno

Contexto escolar: todo debe ser objeto de evaluación, pero no todo será evaluado por el profesorado. Distinguiremos dos niveles: aula y centro.

Contexto socio- familiar: lo más importante es determinar qué está favoreciendo o dificultando el proceso de aprendizaje del alumno e intentar colaborar con la familia en el ajuste o modificaciones de los aspectos necesarios.

3.3. Necesidades educativas especiales

En este apartado se formularán y enumerarán las NEE del alumno, tratando de categorizar la información obtenida en el proceso de evaluación, haciendo siempre referencia a lo que el alumno necesita en este momento del proceso. Estas necesidades se concretan en capacidades básicas que debe desarrollar el alumno, bien porque se derivan de su propia problemática o bien porque ya han sido desarrolladas por sus compañeros, o a requisitos que debe reunir el entorno de enseñanza y aprendizaje para compensar sus dificultades.

4. Sistema de detección de sordera

4.1. Audiología en los primeros años.

Se puede aplicar a partir de los 2 ó 3 años. Después de los primeros días de vida los reflejos auditivos pierdan su espontaneidad, se condicionan y la reacción está adaptada a las circunstancias de la existencia. El audiólogo trata entonces de utilizar sonidos que hagan reaccionar al niño. Existen para ello baterías estandarizadas en las que se observan las reacciones del niño en función de su vigilancia y de la intensidad de los sonidos, pudiéndose así ver la reacción auditiva y la zona afectada. Los retrasos psicomotores y los trastornos de comportamiento pueden dificultar la aparición de estas reacciones. La sordera profunda se escapa a este examen.

4.2. Audiometría

La audiometría trata de medir la pérdida auditiva con la ayuda de estímulos acústicos así como contribuir a precisar la topografía de la lesión casual. Siempre se habla de audiometría se distingue entre: audiometría clásica o subjetiva y audiometría objetiva.

BIBLIOGRAFÍA

BAUTISTA, Necesidades Educativas Especiales. Compilación. Aljibe. Archidona, Málaga, 1993.

MARCHESI, Desarrollo psicológico y educación III. Editorial Alianza. Madrid, 1990.

SÁNCHEZ, Necesidades Educativas Especiales. PPU. Barcelona, 1993.



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