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Tema 6A – El desarrollo en la edad infantil (I): desarrollo social, motor, afectivo.

1.- INTRODUCCIÓN.-

2.- CONCEPTO DE DESARROLLO.-

3.- EL DESARROLLO SOCIAL.-

– El apego.

– Construcción de la propia identidad.

– El conocimiento de los otros.

– Proceso de vinculación y aceptación.

4.- EL DESARROLLO AFECTIVO.-

-La afectividad.

-Estados afectivos.

-Estadios o etapas.

5.- EL DESARROLLO PSICOMOTRIZ.-

-Leyes del desarrollo psicomotor.

-Desarrollo neuromotor.

-Desarrollo percepto-motor.

-Etapas del desarrollo motor.

-Pautas evolutivas.

6.- IMPLICACIONES EDUCATIVAS.-

-A nivel general del sistema educativo.

-A nivel de centro y aula.

-A nivel familiar.

7.- CONCLUSIÓN.-

8.- BIBLIOGRAFÍA.-

1.- INTRODUCCIÓN.-

Antes de entrar en el tema propiamente dicho, creemos que es necesario realizar algunas aclaraciones, que al tiempo sirvan de marco general para su desarrollo.

Así, la Psicología evolutiva ha puesto de manifiesto la existencia de una serie de periodos evolutivos con características cualitativamente diferentes entre sí, que condicionan en parte los posibles efectos de las experiencias educativas escolares sobre el desarrollo del alumno. No obstante, el desarrollo psicológico no es un proceso de despliegue automático de las potencialidades producido por la sola experiencia del niño con los objetos del entorno: es un proceso social y culturalmente asistido y mediado, y esta mediación sólo es efectiva si además de reforzar el desarrollo ya alcanzado por el niño, es también capaz de anticipar el desarrollo inminente, es decir, si apoya el desarrollo del niño, lo potencia y lo estimula.

De ahí la importancia que este tema tiene para el trabajo del orientador, especialmente para los orientadores que trabajan en Unidades de Orientación, ya que éste deberá tener un profundo conocimiento de las pautas evolutivas de los niños de estas edades para poder abordar las evaluaciones psicopedagógicas y el asesoramiento, tanto a padres como a profesores.

Para finalizar esta introducción, señalaremos los bloques de información en los que hemos estructurado el tema:

– Comenzaremos exponiendo el concepto de desarrollo

– Abordaremos a continuación el desarrollo social, motor y afectivo del niño de 0 a 6 años,

– Y finalizaremos con las implicaciones educativas.

2.- CONCEPTO DE DESARROLLO.-

Creemos que es fundamental comenzar el tema aclarando lo que entendemos por desarrollo:

El concepto de desarrollo ha sido explicado de muy diferentes maneras, que podemos clasificar en tres grandes grupos:

Modelos mecanicistas, que consideran que lo fundamental es el ambiente.

Modelos organicistas, que consideran que el desarrollo depende fundamentalmente de un proceso interno, y que existe una determinación evolutiva en función de unos estadios.

Modelos interactivos, que resaltan la influencia de múltiples factores, tanto psicológicos como biológicos e histórico-culturales.

Así, las corrientes actuales llegan a las siguientes conclusiones:

– El desarrollo es un proceso de construcción global en el que el desarrollo de las distintas capacidades está muy interrelacionado, siendo este proceso contínuo, pero no uniforme.

– El desarrollo se ve influido y determinado tanto por factores genéticos como por factores ambientales, no obstante, a medida que crecemos cobra más importancia el entorno

– La educación juega un papel importantísimo en el desarrollo

– El concepto de estadio sigue teniendo utilidad, aunque en un sentido menos ambicioso.

– Así, el desarrollo es un proceso adaptativo del individuo al medio.

3.- EL DESARROLLO SOCIAL.-

Se ha considerado que el origen del desarrollo social es el apego, entendiendo por “apego” el lazo afectivo que el niño establece con la persona más cercana a él, y que suele ser la madre.

Bowlby considera que la personalidad adulta es el resultado de las interacciones que el sujeto ha mantenido con las figuras de apego durante su infancia, entendiendo el apego como una conducta adaptativa, que facilita al niño su propia supervivencia, y que se va desarrollando a través de una serie de etapas:

Etapa del preapego (0-6sem.), en la que el niño cuenta con una serie de reflejos innatos que le sirven para sobrevivir. No existe aún el apego, puesto que el niño responde agradablemente al contacto con los adultos, sin mostrar aún preferencias.

Etapa de formación del apego (6 sem.- 6/8m.), en la que el niño comienza a diferenciar a la madre de otras personas, sin embargo, su malestar no es mayor cuando se separa de la persona que cuando se separa de cualquier otra persona.

Etapa de apego propiamente dicha (6/8m. – 1 ½ /2a.), en la que el niño manifiesta ya clara preferencia por su madre, evitando el contacto con los demás.

Formación de las relaciones recíprocas (a partir de 1 ½ /2a.), en la que el niño ya no sufre ante la separación de la madre, puesto que ya es capaz de representarla mentalmente. Además, la aparición del lenguaje facilita que el niño comprenda las explicaciones que ésta aporta a la separación.

La correcta evolución del apego es fundamental en el niño para una correcta construcción de la propia identidad, proceso en el que podemos distinguir dos momentos fundamentales:

De 0 a 3a.: en el que el niño adquiere conciencia de su propio “yo corporal”, el sentido de la permanencia de sí mismo (ante el cambio del entorno) y una estimación de su yo.

De 4 a 6a.: en el que se profundiza en las conquistas anteriores y aparecen dos nuevos aspectos: la existencia del yo y la imagen de sí mismo.

Así, la construcción del yo comienza en el mismo momento del nacimiento, a partir de los movimientos reflejos, y más tarde, mediante la capacidad visual, el niño va a ir reconociendo las distintas partes de su cuerpo, gracias a las sensaciones y percepciones que recibe. Hacia los 9m., los niños ya distinguen su propia imagen de la de los demás niños, y poco a poco van relacionando consigo mismo atributos como el género, la edad… Es decir, en un primer momento, la diferenciación del “yo” se lleva a cabo desde un plano físico, y será ya en la niñez cuando la diferenciación con respecto a los demás se lleve a cabo desde un plano psicológico.

Algunos autores consideran que, dentro de éste ámbito del conocimiento de sí mismo, habría que incluir la idea de identidad social, puesto que la identidad social es algo individual, diferente a otras personas. Para construir la identidad social se necesitan dos procesos sociales fundamentales: las identificaciones (el niño se va conociendo porque reconoce en los demás características propias), y las diferenciaciones (el niño se distingue de los demás al interactuar con ellos).

Por último, señalamos, como otro elemento fundamental en el proceso de conocimiento de sí mismo, el desarrollo del autoconcepto, es decir, el conocimiento que el niño tiene de sí mismo, y que surge a partir de la interacción social y del desarrollo cognitivo. Así, al mismo tiempo que el niño avanza en su comprensión del mundo social, va comprendiendo también quién es, y cómo es él mismo, gracias a los mensajes que va a recibir de los otros, va a ir valorándose a sí miso y elaborando su autoestima, lo que estará en función de la aceptación y la calidad del trato que el niño reciba y de su historia personal de éxitos y fracasos.

Con respecto al conocimiento de los otros, y paralelamente al conocimiento de sí mismo que ya hemos desarrollado, durante el primer año de vida, el niño no se dirige a los demás intencionalmente, sino, simplemente, para satisfacer sus necesidades. Ya durante el segundo año, el niño percibe a los demás como seres que responden, y que promueven una relación social. Será a partir de la aparición del lenguaje y el desarrollo mental, cuando se multiplicarán las capacidades sociales del niño.

En este proceso de conocimiento de los otros, podemos distinguir varias dimensiones:

La percepción de las personas, puesto que al mismo tiempo que el niño se va descubriendo a sí mismo, también va descubriendo a los demás, en un principio desde el plano físico, y más tarde, ya desde el plano psicológico.

La comprensión del punto de vista del otro, es decir, la superación del egocentrismo, de forma que vaya comprendiendo que el otro puede tener un punto de vista igual o distinto al suyo, para poder llegar a ponerse en el lugar del otro (en torno a los 6a.), lo cual tiene un peso importantísimo para la conducta social, que progresivamente será altruista y prosocial.

La comprensión de la amistad, puesto que la amistad que caracteriza a los niños de la etapa de Educación Infantil (sobre todo durante el segundo ciclo), es una relación inestable, establecida con aquellos con los que se relaciona frecuentemente, y referida a intereses materiales, es decir, la amistad se demuestra dando y compartiendo cosas.

Inseparable del proceso de conocimiento y descubrimiento de sí mismo y delos demás, es el proceso de vinculación y aceptación.

El propio desarrollo evolutivo va a permitir que el niño vaya descentrándose de sí mismo y pueda vincularse cada vez más al otro. De esta forma, el niño hasta los 3a. va a ser un niño aislado de sí mismo, incapaz de establecer una verdadera relación. Se va a acercar a los demás, pero sólo para obtener algo que los otros tienen, o para tener compañía; aún no existe, por tanto, el vínculo social. Es en este momento cuando se observa el llamado “monólogo colectivo”, es decir, que el niño utilizará el lenguaje para dirigir su acción, pero no para entablar relación con los demás.

El periodo de los 3-4a. se denomina “fase de aislamiento”, ya que los niños se aproximan unos a otros, pero no son capaces de mantener una relación continuada. Gesell habla también del “juego paralelo”, en el que el niño juega en compañía de los demás, pero sin participar en el mismo juego. Será ya a partir de los 4a. cuando el niño superará el individualismo del que hemos estado hablando hasta ahora, y comenzará a desarrollar su vida social. Comienzan ahora a escucharse, a saber lo que el otro quiere, etc.

En esas interacciones, los niños aprenden a comprender la conducta de los otros, a entender lo adecuado o no de su conducta y la de los demás, a expresar cada vez mejor sus sentimientos y emociones, etc. Por otro lado, el criterio moral del niño dependerá de la adquisición de valores y normas, que le permitirán pasar de una moralidad externa, en el que la conducta es adecuada o inadecuada en función de los demás y de sus premios y castigos,a una moralidad interna o interiorización de valores y normas.

De esta manera, podemos distinguir dos niveles de socialización, entendiendo por socializaciónel proceso a través del cual se trasmiten a las nuevas generaciones los valores, normas y técnicas de vida dominantes en una sociedad”. Estos niveles son:

Socialización primaria, por la cual el hombre, en su infancia, asimila la cultura básica de una sociedad, teniendo lugar en los contextos primarios, es decir, en la famila.

Socialización secundaria, que completa a la anterior, y a veces la corrige, y que se lleva a cabo en los grupos secundarios, más amplios y menos afectivos, como es la escuela, los medios de comunicación, etc.

4.- DESARROLLO AFECTIVO.-

Íntimamente ligado al desarrollo social, el desarrollo afectivo es un proceso diferenciador que se va logrando progresivamente, en distintas etapas, en las que se van reestructurando los nuevos elementos que van apareciendo a lo largo de la evolución.

La afectividad, como ámbito de la personalidad, hace referencia al conjunto psicológico al que pertenecen el placer y el dolor, las emociones, los sentimientos, las preferencias personales, las inclinaciones, los deseos, las pasiones, las aspiraciones y las creencias, es decir, un conjunto de fenómenos también llamados “afectos” que hacen referencia, de algún modo, a aquello que se experimenta, que no se reflexiona, a las vivencias personales, en suma, a la irracionalidad.

Los estados afectivos son muy variados. Nosotros vamos a intentar clasificarlos en tres grupos:

– El primero de los grupos sería el de necesidades, deseos, intereses, motivaciones y valores, es decir: la necesidad supone un estado de carencia, y por lo tanto, implica el deseo y el interés de aquello que satisfaga dicha carencia. La motivación sería aquello que nos empuja a actuar, pero siempre de acuerdo a unos determinados valores, puesto que éstos definirían el tipo de actuación en función de la necesidad y el interés.

– El segundo grupo de los estados afectivos se refiere a los sentimientos, más suaves y duraderos que las emociones, menos relacionados con la acción motórica, y más con el pensamiento y la imaginación. Los sentimientos son vividos como agradables o desagradables, que asociándose con una persona, un objeto, un proceso, un valor… da lugar a distintos tipos de sentimientos:

· los elementales, parecidos a las emociones (tensión, peligro, plenitud…)

· Los psíquicos, referidos a los estados de ánimo.

· Los espirituales, referidos a valores superiores, como la felicidad.

– Finalmente, habría que mencionar otro tipo de estado afectivo, diferente de los anteriores, que son las emociones. La emoción ha sido definida como un estado afectivo fuerte, acompañado de una clara repercusión orgánica, y unas determinadas manifestaciones externas. Las emociones de los niños son muy diferentes a las de los adultos, puesto que el desarrollo emocional depende, en gran parte, de la maduración y de los aprendizajes adquiridos por el sujeto. No obstante, independientemente de las diferencias individuales, hay una serie de características de las emociones que son comunes en todos los niños, como son: su brevedad e intensidad, puesto que el niño carece de las inhibiciones culturales para controlar sus emociones; son emociones dominantes, puesto que influyen en todas las capacidades, aunque transitorias; suelen ser frecuentes y desmesuradas, van diferenciándose a medida que influyen el medio y el aprendizaje, y de la misma forma, va también variando la forma de expresarlas, a medida que la infancia va avanzando y va experimentando la aprobación social o no de la expresión de sus emociones.

– Así, también se dan una serie de formas emocionales que son comunes en la infancia, como son: el temor, la ira, los celos, la aflicción, la curiosidad, el gozo, la alegría y el afecto.

Como vemos, este desarrollo afectivo del que venimos hablando es progresivo, es decir, va evolucionando y madurando a través de una serie de etapas o estadios que han sido definidos por muy diversos autores y escuelas.

Trang Thong sintetiza las aportanciones de Gesell, Wallon, Freud y Piaget, y distingue nueve niveles en el desarrollo afectivo, de los que vamos a mencionar los cinco primeros, por referirse a la edad que comprende la Educación Infantil:

1) Nivel reflejo (0 – 2/3m.), en el que Wallon habla de un “no ser psicológico”. Predomina en este estadio la impulsividad motriz y la motivación es casi inexistente. Depende del exterior para la satisfacción de sus necesidades, y ante la privación responde con impulsos motrices, descargas musculares… es decir, con respuestas puramente fisiológicas.

2) Nivel emocional (2/3m. – 8/9m.), donde las expresiones emocionales constituyen la principal forma de relación del niño con el entorno. Se van despertando en el niño las primeras sensibilidades orgánicas, principalmente las propioceptivas o internas, al mismo tiempo que comienza a formarse ya la primera conciencia, totalmente subjetiva.

3) Nivel sesoriomotor y proyectivo (9m. – 3a.): en este nivel predomina lo intelectual, orientado a establecer relaciones objetivas con el exterior. Va logrando un conocimiento de sí miso, y se van fortaleciendo los sentimientos de seguridad, confianza, autoestima y autoimagen positiva. Comienza también la conquista de la autonomía, al ser capaz de erguirse y desplazarse, y va a adquirir importancia la imitación respecto a los adultos.

4) Nivel de personalismo (3a. – 6/7a.), en el que predomina la construcción afectiva del niño, lo cual se produce siguiendo tres fases: la de oposición (en la que el niño se opone a los demás para defender su autonomía, tienen conciencia de sí mismo y comienza a utilizar el “yo”), la de gracia (en la que busca la admiración con la exhibición motriz, intentando lograr la aprobación del adulto), y finalmente, la de imitación (por la que va interiorizando roles, conociendo las relaciones familiares y situándose con respecto a ellas).

5.- EL DESARROLLO MOTOR.-

El desarrollo psicomotor está sujeto a cuatro grandes leyes generales:

Ley cefalo-caudal, según la cual maduran antes los músculos más cercanos al encéfalo, y más tarde, los que más alejados están.

Ley próximo-distal, es decir, se desarrollan antes los músculos más cercanos a la columna vertebral.

Ley de las actividades de masa a las específicas: primero se controla los músculos o grupos de músculos más grandes y más tarde los más pequeños.

Ley de flexores y extensores, según la cual se controlan antes los músculos flexores.

Éstas leyes rigen el desarrollo psicomotor, del cual vamos a ir analizando diferentes aspectos, como el desarrollo neuromotor, muy importante en el primer año de vida del niño, caracterizado por lo que Wallon denomina “impulsividad motriz”, es decir, el niño tiene gestos explosivos, sin dirección, que responden a simples descargas musculares.

Durante los primeros meses, se han de tener en cuenta diversos aspectos, como el tono, o la sensibilidad, tanto propioceptiva-postural (que garantiza la información sobre la postura corporal), como la interioceptiva-visceral (que informa sobre los procesos internos, como el dolor o el hambre), y la exterioceptiva (que aporta datos a través de los sentidos: olfato, gusto, tacto…)

El control progresivo del tono muscular irá permitiendo al niño la adquisición de un control postural, puesto que en los primeros momentos, la postura que el niño va a adoptar es la tumbada, y progresivamente será capaz de mantenerse sentado, hasta los 10m. aproximadamente, que será capaz de ponerse de pie.

El control postural es fundamental para el desarrollo del movimiento. Podemos diferenciar tres tipos de movimiento: El reflejo, como el grasping, o el del moro, en el que el aparato muscular responde automáticamente a un estímulo. En él se asienta el movimiento voluntario (locomotores, estáticos y manipulativos), y la repetición de éstos da lugar al movimiento automático, de forma que se establece como hábito (escribir, montar en bici…).

Será a partir de un movimiento reflejo, concretamente del grasping, desde donde evoluciona la prensión.Al principio, el niño tiene, por un lado, una conducta de atención visual hacia su mano y hacia los objetos, y una conducta paralela de tocar-coger objetos. Poco a poco irá completando la completando la coordinación óculo-manual con los movimientos del brazo y de la mano, lo que le permitirá la utilización de instrumentos.

Complementariamente con el desarrollo neuromotor, es fundamental, para alcanzar una adecuada psicomotricidad, el desarrollo percepto-motor, y los aspectos relacionados con él, como es el esquema corporal, que hace referencia al conocimiento progresivo que el niño adquiere de su propio cuerpo en relación con el espacio, los objetos y los demás.

Al principio, el niño va a vivir las distintas partes del cuerpo como objetos exteriores a él, pero a través de la comunicación corporal con los demás, va a ir adquiriendo una imagen global de sí mismo, y va a hacerse progresivamente consciente de sus posibilidades y limitaciones, así como de las diversas partes que conforman su cuerpo.

La evolución de las diferentes etapas del desarrollo motriz han sido descritas por muy variados autores y escuelas. Uno de ellos, Wallon, desde el enfoque psicobiológico, destaca el papel que juega la motricidad para el desarrollo psicológico, estableciendo las siguientes etapas:

Estadio de la impulsividad motriz, en el que los actos responden a simples descargas musculares o reflejos.

Estadio emotivo, en el que las primeras emociones se manifiestas por el tono muscular o la postura.

Estadio senso-motor, que sería la coordinación mutua de las distintas percepciones.

Estadio proyectivo, en el que aparece el movimiento intencional hacia un objeto.

Estadio de personalismo, en el que aparece la conciencia y la afirmación del yo.

Igualmente podemos establecer algunas pautas en la evolución motriz del niño, como son:

A partir del primer mes: El niño intenta movilizar la cabeza, cierra la mano ante estímulos en el interior de esta e intenta buscar la luz o los sonidos.

2m.: Inicia la fijación ocular y comienza a seguir objetos. Conoce a la madre.

3m.: Empieza a sujetar la cabeza, se lleva la mano a la boca, hace movimientos voluntarios de agitar los miembros.

4m.: El sostén cefálico es completo. Observa sus manos y puede coger algún objeto.

6m: Se mantiene sentado, coge sus pies llevándolos a la boca, da saltos al ponerse de pie, busca y sigue los movimientos.

10m.: Gatea y puede mantenerse de pie. Mejora la prensión.

1a.: Se mantiene algo de pie y deambula con ayuda. Recoge pequeños objetos con los dedos pulgar e índice, siendo la prensión completa. Arroja objetos, introduce objetos en recipientes, hace juegos con las manos, inicia la masticación.

1a. 6m.: Ya ha alcanzado una deambulación casi completa que le permite transportar objetos o empujarlos. Observa dibujos y pasa varias hojas de un libro juntas. Empieza a conocer su cuerpo y tiene sentido de la posesión.

2a.: Juega y corre con energía, sube a sitios y sube escaleras con apoyo. Coge un lápiz con además de escribir. Imita, y controla esfínteres, sobre todo de día.

3a.: Puede saltar con los dos pies juntos, copiar un círculo; subir y bajar escaleras. Puede comer solo.

4a: Se mantiene sobre un pie; anda de puntillas; Patea la pelota con soltura; Pinta figuras humanas simples; es capaz de vestirse y lavarse solo.

5a.: Alcanza un gran sentido del equilibrio y del ritmo, escribe letras y dibuja figuras.

No obstante, todo lo dicho anteriormente debe tomarse como mínima guía o referencia, teniendo en cuenta que existen grandes variaciones individuales que no implican alteración en la evolución motriz, aunque el retraso conjunto de varias de estas manifestaciones deberá, al menos, considerarse como un signo de atención.

6.- IMPLICACIONES EDUCATIVAS.-

6.1.- A nivel general del sistema educativo.-

La primera y fundamental implicación educativa que se deriva de las características evolutivas de los alumnos y alumnas en nuestro actual diseño y desarrollo curricular es la determinación de unas etapas educativas que encuadran aproximadamente la primera infancia en la etapa de educación infantil y la segunda infancia en la educación primaria.

En cuanto al propio diseño de los elementos del currículo (objetivos, contenidos y criterios de evaluación), todos ellos se ven influídos de la concepción o idea, que nuestro propio planteamiento asume, respecto al desarrollo de los alumnos estructurado en etapas evolutivas, donde se van alcanzando ciertos niveles de maduración que a su vez pueden ser favorecidas por la intervención educativa, como es el hecho de que tanto los objetivos generales de etapa como los objetivos generales de las diferentes áreas, están definidos en términos de capacidades, basándose en el concepto de desarrollo general de los alumnos asumido por nuestro actual modelo curricular.

A su vez, para fijar qué capacidades deben ser desarrolladas a lo largo de toda la etapa, entre las fuentes tenidas en cuenta, se encuentra la psicopedagógica, es decir, las características evolutivas que presenta este alumnado y desde qué planteamientos educativos mejor podemos dar respuesta a su forma de aprender según dichas características.

Por último, encuanto a los aspectos básicos de la educación infantil, podemos señalar:

La adaptación al mundo escolar, ya que la escuela es un contexto importante en el desarrollo social y diferente al familiar, y por ello, cuando el niño llega a la escuela debe reorganizar sus aprendizajes previos respecto a: el tipo de relación con los demás, las pautas de conducta, etc.

El conocimiento de sí mismo, ya que en la etapa infantil se está formando el núcleo de su propia imagen, y la escuela corrige, complementa y amplía las experiencias respecto a las proporcionadas por la familia.

El desarrollo de la autonomía personal, ya que tanto el conocimiento de sí mismo como las diversas experiencias en el medio social y natural deben tener como finalidad general el potenciar la autonomía del alumno de estas edades.

La psicomotricidad ha de tener también una atención especial en esta edad, como medio para implicar el desarrollo global del niño a partir de la acción con los objetos y la utilización del propio cuerpo como medio de relación, expresión y exploración.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, la administración educativa exige unos requisitos mínimos a los centros, en cuanto a instalaciones, condiciones materiales, ratios por aula y especialización del profesorado.

6.2.- A nivel de centro y aula.-

Debemos tener en cuenta las siguientes cuestiones:

a) Respecto a la organización didáctica del aula: son tres las cuestiones básicas:

· Los agrupamientos, ya que aún cuando ciertas actividades puedan ser realizadas en grupo, y así convenga (como las asambleas, las actividades psicomotrices…), el tipo de agrupamiento más aconsejable debiera ser el de pequeño grupo, ya que es en él donde los niños de esta edad pueden interactuar de manera más productiva. No obstante, los grupos no deben ser siempre los mismos, sino que pueden variar en función de la actividad en cuestión, los intereses y circunstancias del momento.

· La organización del aula: ya que un tipo de agrupamiento como el anterior exige ir hacia una organización flexible de la actividad del aula, donde los rincones o talleres constituyan un referente importante.

· La utilización de rutinas, para que los niños de estas edades se puedan sentir más seguros y vayan ganando confianza en sí mismos, ya que las rutinas les permite anticipar lo que tienen que hacer en cada momento y pueden ir afianzando hábitos.

b) Respecto al desarrollo de las habilidades sociales, que no es consecuencia tanto de una intervención educativa específica, como de la organización de experiencias sociales a lo largo de las jornadas, como son: Asambleas, el trabajo en pequeño grupo, las actividades libres… En todas estas actividades el objetivo último es ayudar a superar a los alumnos el egocentrismo propio de su estadio evolutivo a partir de situaciones concretas.

c) Respecto al desarrollo psicomotor: En la medida en que el niño de estas edades se relaciona con el mundo de manera global y a través de la propia actividad, la educación psicomotriz se convierte en un recurso educativo básico, como:

· Medio para relacionarse con otros niños.

· Medio para conocer, ya que solo sobre la experiencia real y concreta el niño de Educación infantil puede dotar de sentido a los conceptos y apropiarse de ellos.

· Medio para conocerse, como de la exploración de las propias posibilidades motrices.

d) El papel del juego, puesto que aparece en esta etapa como un instrumento privilegiado para el desarrollo de las capacidades que se pretende que alcance el niño, por el grado de actividad que comporta, por su carácter motivador, por las situaciones en que se desarrolla y que permite al niño globalizar, y por las posibilidades de participación e interacción que propicia, entre otros aspectos. Por tanto, es necesario recordar que no es posible ni aconsejable establecer diferencias entre el juego y el trabajo. Así, a través del juego, el niño aprende a controlar su cuerpo y desarrollar su equilibrio, a explorar el mundo que le rodea, a resolver sus emociones y sus sentimientos, y a ocupar su puesto en la comunidad donde vive y ser, por tanto, un ser social, siendo el recreo un momento y un lugar especialmente importante a este respecto.

e) Necesidad de seguridad y confianza, ya que todo proceso de crecimiento, desarrollo y aprendizaje necesita darse en un clima adecuado. En educación infantil, la creación de un ambiente distendido y afectuoso no es solamente un factor que contribuye al crecimiento personal, sino una condición necesaria para que pueda producirse. Ello plantea al educador la necesidad de planificar su actuación en un ambiente general cálido, distendido y afectuoso. En este sentido cobra especial importancia el periodo de adaptación, que han de llevar a cabo los centros de Educación Infantil con los niños que se incorporan por primera vez y que no siempre es a principio del curso, por lo que también para los que se incorporan una vez iniciado el curso, el centro debería tener un periodo de adaptación.

6.3.- A nivel familiar.-

Es obvia la importancia de la familia en el desarrollo social, afectivo y motor del niño. Entre los aspectos a tener en cuenta dentro de este entorno para un buen desarrollo de dichas capacidades podemos señalar los siguientes:

– Establecer unas adecuadas relaciones afectivas dentro del hogar.

– Instalar un adecuado ambiente de estimulación.

– Mantener una adecuada alimentación e higiene para conseguir un adecuado desarrollo físico, y consecuentemente, un buen desarrollo motor, así como hábitos de higiene y salud.

– Establecer adecuados patrones de comportamiento social dentro de la familia para que facilite su desarrollo social y el establecimiento de un adecuado sistema referencial de normas y valores.

– Favorecer todo tipo de juegos, tanto individuales como en compañía de iguales, sobre todo con las figuras de apego más cercanas.

Para ello, el estilo educativo de la familia ha de combinar manifestaciones de afecto, alto nivel de comunicación, nivel de exigencia adaptada a las capacidades del niño según su edad, y razonar con ellos la necesidad de controlar sus actividades.

7.- CONCLUSIÓN.-

8.- BIBLIOGRAFÍA.-

– Flavel, J.: (1978): “La psicología de Jean Piaget”. Barcelona. Paidós.

– Osterrieth, P. A. (1985): “Psicología infantil : introducción a la psicología del niño de la edad bebé a la madurez infantil” Ediciones Morata. Madrid.

– Palacios, J. (1990): “Desarrollo Psicológico y procesos educativos”. Madrid. Alianza Editorial.

– Palacios, J., Marchesi, y Coll, C.: “Desarrollo psicológico y Educación, I”. Madrid. Alianza Editorial.

– VVAA. (1992): “Cajas Rojas de Educación Infantil”. Madrid. MEC.

– Wallon, H.: (1976): “Los orígenes del pensamiento en el niño”. Ediciones Nueva Visión SAIC, Buenos Aires.