Toda la documentación que encontrarás en Oposinet la puedes tener en tu ordenador en formato word. De esta forma podrás modificarla y trabajar con ella con más comodidad.


Ponte en contacto con nosotros a la dirección y te la enviaremos. A cambio te pedimos que compartas tu información, enviándonos documentos interesantes para la preparación de estas oposiciones: temas, programaciones didácticas, exámenes... Es imprescindible que estos documentos no posean derechos de autor, que no existan ya en la web y que sean realmente interesantes para la preparación de las oposiciones.


Otra opción para conseguir los documentos en formato word es realizar un pago de 19,5 euros, con la cual mantendremos esta web y compraremos nuevos materiales para ponerlos al alcance del resto de la comunidad. Importante: con el pago te proporcionaremos TODOS los documentos que hayamos publicado de una de las especialidades de oposiciones. Los documentos publicados en formato pdf no te los proporcionamos en formato Word sino en pdf.




Tema 7C – La familia como primer agente de socialización. La transformación de la función educativa de la familia a lo largo de la historia. Expectativas familiares respecto a la Educación Infantil. Período de adaptación de los niños y niñas al centro educativo. Relaciones entre la familia y el equipo docente.

INTRODUCCIÓN:

clip_image001 Definición de socialización

clip_image001[1] Evolución

clip_image001[2] Aspectos que conlleva

clip_image001[3] Agentes.

I.‑ LA FAMILIA COMO PRIMER AGENTE DE SOCIALIZACIÓN

1.‑ La socialización en la familia

2.‑ Tipos de familia y socialización

II.‑ LA TRANSFORMACIÓN DE LA FUNCIÓN EDUCATIVA DE LA FAMILIA A LO LARGO DE LA HISTORIA

‑Familia amplia y familia nuclear

‑Industrialización y cambios sociales

III.‑ EXPECTATIVAS FAMILIARES RESPECTO DE LA EDUCACIÓN INFANTIL

1.‑ Distintos tipos de familias y la educación

2.‑ La educación y situación social o “status”

3.‑ Grupos de pertenencia, marcos referenciales y educación

IV.‑ ADAPTACIÓN DE LOS NIÑOS Y NIÑAS AL CENTRO EDUCATIVO

‑Recomendaciones generales

1.‑ La llegada y primeros contactos

2.‑ El paso de la familia a la escuela

a) Independencia de la figura de apego

b) Elementos que influyen

V.‑ RELACIONES ENTRE LA FAMILIA Y EL EQUIPO DOCENTE

Ideas generales

a) Diseño Curricular Base para la ED. Infantil MEC.

b) Diseño Curricular Base para la ED. Infantil de la Junta de Andalucía

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN.

Antes de comenzar el desarrollo del tema conviene centrarlo recordando el concepto de socialización, su necesidad para todo individuo, cómo se consigue y todo lo que conlleva este proceso. Algunas definiciones de socialización:

‑ El proceso de adquisición de los conocimientos, de los modelos, de los valores, de los símbolos de la sociedad en la que se va a vivir.

‑ Proceso por el que se adquieren las maneras de obrar, de pensar y de sentir del grupo o sociedad en cuyo seno se va a desenvolver el individuo.

‑ Proceso por el que la persona aprende e Interioriza, en el transcurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente, los integra a la estructura de su personalidad, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales significativos, adaptándose así al entorno social en cuyo seno debe vivir.

‑ Proceso por el que el individuo es absorbido por la sociedad en la que quiere vivir aprendiendo a adaptarse a sus grupos, a sus normas, imágenes y valores.

Es una necesidad vital del ser humano pues, para su desarrollo integral, necesita del concurso de todos y todo cuanto le rodea. El hombre está hecho para vivir en sociedad y en compañía. Sólo no se desarrollaría totalmente. Lo realiza todo ser humano para llegar a ser sociable, miembro de una sociedad, integrado en ella, y con capacidad para relacionarse adecuadamente con el resto de sus integrantes.

Dura toda la vida y requiere como paso previo la individualización. Es imprescindible que el individuo se considere como tal, identificado consigo mismo, con entidad propia e independiente de todo cuanto le rodea. La socialización reclama la asimilación de los modelos culturales que le ofrece la sociedad, representados fundamentalmente por los padres, hermanos, profesores,… Así va adquiriendo las capacidades que le permiten actuar como miembro efectivo de la sociedad. La familia es el agente socializador más importante en los primeros años de la vida.

Comienza en el preciso momento del nacimiento, sale de la matriz biológica y entra en la matriz sociocultural, no posee aún ninguna orientación hacia las demás personas; no reconoce a la madre y no distingue a una persona de otra; llora y su madre lo atiende, pronto se da cuenta que es fascinante tocar contemplar y escuchar a otros, los cuales no son todavía un estímulo diferenciado del mundo inanimado. Más tarde aprende a distinguir a los conocidos de los extraños; desarrolla un repertorio de capacidades de señalización que usa de forma discriminada en situaciones determinadas y con ciertos individuos; está a punto de adquirir determinadas habilidades sociales, como el lenguaje y la imitación. Forma la primera relación amorosa (apego) que le proporciona la seguridad básica.

En resumen, se están dando los primeros pasos de su proceso socializador, que dará como resultado un ente social a la vez que irrepetiblemente individual y que, llegado el momento madurativo preciso, podrá implicarse en el proceso de forma reflexiva e intencionada, hasta lograr el grado de trascendencia que hace coincidir los intereses individuales con los colectivos. Es conveniente tener presente dos aspectos fundamentales:

~ La conducta social no es una clase de conducta aparte de todas las demás formas de conducta.

‑ El concepto de socialización se entiende de dos formas

• La adaptación a las instituciones.

• Como carácter relacional entre sujetos.

Todo lo dicho anteriormente conlleva:

1. La adquisición de la cultura de la sociedad. Conjunto de pautas de pensamiento, conocimiento y comportamiento que son heredadas y compartidas por todos los componentes, no teniendo nada que ver con “erudición” que es lo que entiende la calle.

2. Integración de la cultura en la personalidad. Los elementos de la sociedad y de la cultura son asimilados en la estructura de la personalidad. Lo que quiere decir, que el sistema social y la cultura son integrados por el individuo y, una vez ocurrido esto, se convierten en obligación moral, en la regla de la conciencia, en la manera “normal” de pensar y sentir.

3. Adaptación. Desde el punto de vista sociológico esta es la principal consecuencia del proceso de socialización. El individuo, una vez socializado, es de un “medio ambiente”, se dice que “pertenece” a una familia, un grupo, una empresa, una religión, una nación, en el sentido de que forma parte de esas colectividades, que tiene su lugar propio en ellas. El pertenecer a una colectividad supone compartir con los demás miembros ideas y rasgos comunes suficientes como para identificarse en el nosotros que ella constituye.

En este proceso de socialización inciden, con gran importancia, varios agentes, que es conveniente clasificarlos con arreglo a unos criterios:

1º. Los grupos identificables: ‑La familia o la escuela

‑La T.V., la radio, etc.

2º. La función de los diferentes agentes:

‑ Los que tienen como objetivo el formar, educar, inculcar principios, enseñar conocimientos. ‑Los que ejercen una función instrumental con miras a otras actividades o a otros fines.

I. LA FAMILIA COMO PRIMER AGENTE DE SOCIALIZACIÓN

1.‑ La socialización en la familia. En la introducción al tema ya se exponía cómo comienza en la familia desde el nacimiento. Es la que inicia y favorece la puesta en marcha del proceso socializador. Es una sociedad en miniatura que adapta a sus miembros, con sus tradiciones, costumbres, normas, reglamentaciones. Así, el individuo, en la medida en la que se adapta, se socializa. De una forma resumida, se puede decir, que se inicia con el establecimiento de los vínculos afectivos con las personas que le cuidan (el apego), el descubrimiento de sí mismo, el descubrimiento de los otros, con la imitación y con la identificación de las personas que toma como modelos (padres y hermanos mayores), a través de las experiencias positivas o negativas que tiene con sus hermanos (identificación como modelos o los celos),…

Así, poco a poco, estimulándolo positiva o negativamente, este grupo familiar va moldeando la personalidad, según los valores y la imagen que tiene del mundo. Le transmite normas y técnicas de conducta, le enseña a aceptar una estructura social determinada. La influencia de la familia es tan eficaz porque el niño en estas edades tempranas es muy moldeable, tiene una gran sugestibilidad; está formando sus capacidades y su estilo de reacción psíquica‑ las relaciones con sus padres tienen un carácter muy individual y personal y se presentan con gran frecuencia y, por último, en la tendencia a la imitación e identificación con sus padres.

Muchas son las circunstancias que hacen de la familia una escuela. Tanto es así que tenemos la referencia sobre este particular, desde hace muchos años, en Comenio y otros pedagogos importantes cuando hablan de la escuela materna e incluso dan normas sobre cómo tratar a los niños en este ambiente. Siempre se ha reconocido a los padres el derecho a educar a sus hijos según el propio criterio ideológico,

El niño en su desarrollo necesita de los estímulos y contenidos que le suministra el ambiente, lo que la familia le ofrezca sobre el particular, determinará el grado y la cualidad de ese desarrollo. Además, la familia atesora un depósito de conocimientos que poco a poco va asimilando; la cantidad y el tipo de tales conocimientos condicionarán, también, el desarrollo. Contempla la herencia cultural a través de su familia, se entera de su significado mediante los símbolos empleados por ella, compartiendo, también, los sentimientos familiares acerca de tal herencia. Esto lo hace el grupo familiar: Seleccionando lo que se va a transmitir; dándole una interpretación de todo ello, y valorando para él lo transmitido.

No podemos olvidar las actitudes que los padres crean en sus hijos respecto de los estudios o del interés por aprender, que serán un reflejo de sus propias actitudes. En esto se diferencia una clase de otra y será un factor muy importante de desigualdad de oportunidades.

Otra manera de entender la situación, según la evolución de la sociedad en la actualidad. Sería ver los distintos papeles socializadores que realizan los distintos miembros de la familia: papel madre, papel padre, papel hermano,… sin que tenga que existir una concordancia entre la situación biológica y la situación socializadora que desempeña. El papel padre puede ser desempeñado por el padre, abuelo, tío de la madre soltera, pareja actual, etc. El padre puede participar, con frecuencia, de las funciones de madre.

Dentro del complejo desarrollo infantil, cada miembro familiar desempeña papeles socializadores diferentes. El fundamental es el de la madre (o de quien realice esta función).

Función MADRE: ‑ Primera persona que establece una relación amorosa con el bebé.

‑ Le devuelve la imagen de unidad, necesaria para su desarrollo individual. ‑ Le introduce la noción de tiempo con las rutinas de comida, sueño, etc.

‑ Le da significado a los primeros sonidos.

‑ Gradúa y da intensidad a la relación con los otros.

‑ Con ella establece la primera relación de cooperación. ‑ La primera con la que se identifica.

‑ Crea el lugar del padre como representante de la ley natural, de la autoridad, base de la norma.

Función PADRE.‑. Además de su solidaridad y colaboración en la crianza representa, en la socialización del niño/a, la autoridad, la autoridad de la madre‑ en el sentido de darle seguridad en la crianza y en el bienestar de la relación madre‑hijo. Será el portador de la llave mágica de un mundo desconocido: el laboral, distinto del familiar.

Función de otros miembros familiares: Hermanos y primos: Eslabón importante en la socialización. Ayudan en la conquista del lenguaje. Representan los papeles sociales en el juego simbólico. Facilitan el conocimiento de otros. Abuelos y tíos: Personas afectivamente significativas con las que se establecen relaciones. Ayudan y consensuan la labor de crianza.

2.‑ Tipos de familia y socialización

A) FAMILIAS NUMEROSAS: Tienen unas peculiaridades, sus miembros aprenden muy ‑pronto a aceptar las realidades, prima el grupo sobre el individuo; peculiar conciencia familiar; estructura algo autoritaria‑ cooperación y espíritu e equipo; disciplina con reglas explícitas comunes, diferenciación de funciones y roles; interacción familiar; cierto equilibrio y cordura en cuanto a la formación del niño; menos proteccionismo; mayor socialización, ya que tienen que adaptarse a más personas, colaborar con ellas, compartir lo propio y soportar bastantes cosas.

B) FAMILIAS CON POCOS HIJOS: Con peculiaridades distintas de las numerosas y otras contrarias. Se da: una tendencia a proyectar y planificar (tiempo en el que deben nacer los hijos, estudios a realizar, … ); la paternidad es intensiva más que extensiva‑ las relaciones son más cooperativas y existe una gestión más democrática; hay ambición respecto de los hijos; se procura satisfacer en ellos las ambiciones que no se pudieron realizar en los progenitores; proteccionismo paterno; más concentración afectiva‑ puede existir una ambivalencia afectiva en los hijos pues los padres se vuelcan afectivamente en ellos y a la vez son sus sancionadores; el niño puede encontrar cierto aislamiento social, está siempre sujeto a la compañía de adultos, que le obliga a adaptarse al modo de proceder de éstos, acostumbrándose a su modo de pensar, sentir, lo que le obliga a madurar un poco precozmente.

C) FAMILIAS CREADORAS DE UN AMBIENTE DE SEGURIDAD Son ambientes que hacen hincapié en la confianza, la libertad de expresión y la autoridad compartida entre los progenitores. Fomentan una confianza más positiva, control del medio y habilidades de adaptación.

II. LA TRANSFORMACIÓN DE SU FUNCIÓN EDUCATIVA A LO LARGO DE LA HISTORIA. En un principio el concepto de familia era mucho más amplio, estaba formada por más de una “familia nuclear”, la de los padres englobaba también las de los hijos. Podían sentir que tenían más en común con sus iguales de la comunidad que entre sí. Era abierta y se interrelacionaba con otras. Era más productora y reproductora que unidad emocional o afectiva. Era un mecanismo para transmitir la propiedad y la posición.

Después sigue un periodo en el que se refuerzan los lazos entre los miembros de la misma familia, se cohesiona, se independiza, en resumen, se aísla. Se forma lo que se denomina la “familia nuclear”, en la que el niño se educa, se socializa y se desarrolla. Estamos en el tipo que los pedagogos del XVIII y XIX (Comenio, Rousseau, Pestalozzi,…) preconizaban como en la que se desarrolla armoniosamente. Este tipo, por lo general, ha perdurado hasta nuestros días

Con los grandes cambios sociales de los siglos XVIII y XIX (revolución industrial), industrialización, capitalismo, movimientos migratorios del campo a los núcleos urbanos e industriales, el trabajo de la mujer, etc., se produce una nueva organización social que lleva al individualismo, donde se triunfa sólo si se persigue el propio interés. Surge un proletariado muy diferenciado cultural y materialmente de la clase obrera y campesina tradicional.

1.‑ Cambios que produce:

– Descenso constante del número de hogares con sirvientes

– La desaparición física del padre y de los demás durante todas las jornadas laborales

Estos dos efectos producen estas implicaciones

– Declive del “patriarcalismo”, fuente de organización social anteriormente.

– Pérdida de la propiedad.

– Pérdida del control de los medios de producción por parte del grupo familiar,

Además, la familia era el lugar de aprendizaje y transmisión de conocimientos culturales y laborales; se aprendía del padre y del abuelo. Se pierde esta figura con las ventajas que tenía de serenidad, atención a los niños, factor que quitaba en muchos momentos ansiedad, etc.

Disminuye la autoridad paterna pero aumenta el afecto y la ternura‑ se debilita la solidaridad entre los parientes, pero se fortalece la que une los padres con los hijos. La familia está cada vez más limitada en sus fines económicos lo que la lleva a perseguir otros fines más nobles y a buscar unos ideales. Surge la familia basada en el afecto, la comprensión, la confianza, idónea para la educación. La familia continua siendo una entidad educativa, porque la educación exige paciencia, indulgencia, sacrificio, y esto quien normalmente lo dispensa son los padres.

Los setenta marcan una reanudación de la actividad profesional de la mujer en todos los países europeos, no es una actividad novedosa ya que tuvo un papel importante en el proceso de la producción. Lo que llama la atención es la incorporación de mujeres de clase media. Son muchos los factores que la han llevado a salir de la casa y a mantenerse en una actividad profesional. Se observa que las de más alto nivel de instrucción, tienen una tasa de ocupación mayor; esta proporción se invierte cuando son de menor nivel de instrucción. También trabajan en mayor proporción las esposas de profesionales de, cuadros medios y superiores y de obreros especializados. Se ha detectado así mismo, que en las ciudades pequeñas y capitales de provincia trabajan más mujeres, en términos relativos, que en las grandes ciudades. El trabajo fuera del hogar disminuye con el matrimonio y con el nacimiento de los hijos.

Las transformaciones de la sociedad han creado una demanda de mano de obra femenina hacia el sector terciario, la Administración, banca, sanidad, etc. Este aumento del trabajo femenino cuestiona el modelo de pareja. Da a la mujer una autonomía económica, dándole la posibilidad de renunciar a la vida de pareja, si no le satisface; le permite llevar una vida de soltera.

Junto a las técnicas anticonceptivas, que por primera vez en la historia permiten a la mujer controlar su fecundidad, el salario cambia por completo su imagen tradicional, doblemente dominada por el hombre en la medida en que éste era el proveedor y el responsable del matrimonio, de la manutención de todos, de la concepción de los hijos, etc.

En la actualidad el nacimiento de los hijos es planificado en función del trabajo de la madre o de las incertidumbres de su carrera, mientras que antes adaptaba sus periodos de trabajo profesional al nacimiento de los hijos.

2. TRASPASO DE FUNCIONES. Aunque la familia es la más adecuada para educar, sin embargo, es la menos indicada para instruir, ya que esto es cada vez más complejo y difícil y se necesita personal más especializado. Pero no quiere decir que familia y escuela han de oponerse, sino todo lo contrario ha de complementarse, auxiliarse mutuamente y colaborar.

Se ha reducido bastante el volumen de funciones como consecuencia de la emancipación, relativa, de la mujer; del desarrollo de una ideología permisiva respecto de los hijos; de la concepción del matrimonio como acto libre. Por otro lado el llamado estado del bienestar ha asumido muchas funciones que antes tenía la familia. Algunos piensan que con la pérdida de tantas funciones estamos asistiendo a su destrucción, ya que no le quedará ninguna función que realizar. Otros piensan que esto no será posible, pues algunas son tan íntimas y peculiares que difícilmente se podrá hallar el sustituto adecuado

Anteriormente era centro de seguridad y defensa de los individuos, sobre todo en la vejez y enfermedad, hoy, en muchos casos, dependen de otras instituciones. Pero hay funciones que no salen del ámbito familiar‑ son las de tipo personal y afectivo porque garantizan su pervivencia.

III. EXPECTATIVAS FAMILIARES RESPECTO DE LA EDUCACIÓN INFANTIL. Son muy variadas. Los niños, en la actualidad, son escolarizados por diversas razones:

– La mujer, al incorporarse al mundo laboral, necesita un lugar donde dejar al hijo, sino tiene familiares que se hagan cargo.

– El vivir en un piso hace que se busque un lugar donde el pequeño tenga un desarrollo motor y social adecuado y con otros niños

– La inexperiencia de la madre joven la empujan a buscar una escuela donde le atienda a su hijo y además le asesoren en la crianza.

Veamos ahora, de manera general, como actúan los distintos tipos de familias.

1.‑ Los distintos tipos de familia y educación. Todos los individuos que componen la sociedad no tienen una igualdad social. En la sociedad se distinguen dos tipos de grupos:

Grupos verticales: Formados según categorías que atraviesan todos los estratos sociales, englobándolos en su seno, tal es el caso de los grupos religiosos, razas, naciones, etc.

Grupos horizontales: Entrañan una distinción de superioridad e inferioridad, como burgueses y proletarios, ricos y pobres, etc. Se constituyen por diferencias de privilegio, fortuna, derechos, bienestar, etc. Estos grupos son los que dan lugar a la estratificación social.

A) LA FAMILIA Y LA CLASE SOCIAL: Se entiende por clase social al agregado de familias que participan de un prestigio igual o casi igual, según los criterios de valoración que prevalezcan dentro del sistema de división social del trabajo. El factor determinante de clase social son: riqueza, profesión, ingresos económicos, tipo de gastos efectuados, forma de vestir, cierta igualdad de oportunidades, conocimientos, escala de valores, formas de razonar, conciencia de clase. La división social no está perfectamente delimitada, no aparece con nitidez, sino que se presenta con gran cantidad de grado y matices.

Todas estas circunstancias sociales influyen en la educación, ya que la clase determina el tipo de educación que se da y que se recibe, tanto a nivel social como individual.

B) CORRELACIÓN ENTRE CLASE SOCIAL Y EDUCACIÓN: La desigualdad de clases es la que genera la desigualdad de oportunidades de la educación. Cada una hace una valoración de la educación y dispone de un presupuesto diferente para los estudios de los hijos. Cada una tiende a proporcionar un grado peculiar de educación, obligan a pertenecer a sus miembros dentro de sus límites, engendrándose así un círculo muy difícil de romper. Convirtiéndose de esta forma la educación en un instrumento de clase efecto y causa de la estratificación

A nivel individual existen también diferencias educacionales; educadores pertenecientes a distintas capas sociales tienen un modo diferente de impartir y de concebir la educación, con lo que los resultados que se consiguen son indudablemente dispares.

El ser a una clase social no es sólo tener diferente nivel de vida, es la existencia de variedades humanas que calan en lo más profundo de la personalidad. La clase social influye en la educación de un modo indirecto pero profundo. Si se quiere conocer la influencia de una concreta hay que tener idea de las normas según las cuales educa esa clase, los métodos que emplea y la actitud que adopta ante los educadores y la educación.

Algunos rasgos de psicología de las clases sociales por los que se puede entender como enfocan la educación:

‑ Entre los miembros de la clase alta se da un cierto orgullo de clase, que cuidan de inculcar a sus hijos junto con perjuicios sobre las otras clases.

‑ La clase media siempre ha estado, acerca de la educación, limitada por los bienes materiales, lo que le ha obligado a mantener una “buena administración”. Clase social laboriosa y con buen “sentido común”, como sus medios económicos le permiten cubrir las principales necesidades, no tiene frustraciones y presenta una actitud positiva ante la vida.

‑ No le ocurre lo mismo a la clase inferior que se halla bajo el peso de carencias fundamentales, de inseguridad y de postergación social. Presentan un sentimiento de frustración que hace que bastantes de sus miembros adopten una pasividad fatalista, agresividad o actitud recelosa. La escasez de cultura les lleva a una administración económica deficiente, a unas relaciones humanas bastante primitivas y a unos procedimientos educativos menos pedagógicos.

C) EXPECTATIVAS EDUCATIVAS: La educación se valora mucho en las familias de clase alta. Al niño se le va a exigir mucho; claro que no tendrá siempre las cualidades requeridas, lo que le planteará problemas personales.

Las actitudes de la clase baja engendran más problemas; son familiares de menor estabilidad explosiva y con costumbres algo toscas la convivencia suele ser agitada y difícil; escasa orientación por parte de los padres, muchos no se preocupan de la escolaridad de los hijos.

La familia de clase media se distingue por el intento de planificación familiar; pone mucho empeño en la formación del hijo, lo prepara para un futuro satisfactorio, obligándolo a que coopere y a aceptar los valores de su clase. Se puede afirmar que la escuela es una institución típica de la clase media; gran parte de los educadores de primaria y media pertenecen a ella y, en casi todos los casos, se ve ven controlados por los patrones de la clase media.

La clase alta mejora, con frecuencia, el modelo de educación, debido a la posesión de medios. Con respecto a la media, sus pautas educacionales, corresponden a lo que se puede denominar una educación normal, dentro de la concepción tradicional. La baja suele presentar fallos tan fundamentales como la falta de cultura, poco interés, en general, por adquirir un mayor grado dentro de su patrón normal, ya que sus preocupaciones se centran en otros fines.

La educación y la situación social o “status” Una persona puede pertenecer a diversos grupos (religión, raza, nacionalidad, profesional, de clase, etc.), pero suele haber siempre un status principal a través del cual se le ve y juzga como individuo. Esa situación social dependerá de los valores dominantes en cada momento en la sociedad o grupo al que se pertenece y en el que se tiene el puesto. Puede ser de dos tipos:

a) Los que la sociedad adscribe a cada uno. Se conocen con el nombre de status adscritos porque son designados por la sociedad con independencia de

b) Los que se ganan mediante el propio esfuerzo. Se llaman‑adquiridos porque en su consecución ha jugado un papel decisivo la elección y competencia, las capacidades y actitudes del propio sujeto.

Las personas pueden cambiar de status por la movilidad social conseguida mediante la educación. Es casi imposible tener en la actualidad un alto puesto sin tener un alto nivel de instrucción. El llegar a posiciones más elevadas de la actividad social puede ser, cada vez más, motivado por el logro individual. En la actualidad se tiende a cotizarse y diferenciarse más por los méritos personales, la capacidad y calidad de la actuación, que por su origen social. Esto ha ocasionado la aparición de una meritocracia, con lo que la gestión social viene a ser patrimonio de los que gozan de la mejor preparación para ejercerla.

3 Grupos de pertenencia marcos referenciales y educación. Cuando se habla de socialización hay que distinguir dos aspectos:

‑ La socialización que se opera en grupo identificables, de cuerpos institucionalizados como la familia o la escuela.

‑ La que se lleva a cabo de una manera difusa como por ejemplo la que lleva cabo la radio y televisión, en cuanto que concierne a una colectividad y afecta a una masa.

Pero no es suficiente la identificación de los agentes de socialización, es necesario, para tener clara su influencia, situarlos en los medios a los que pertenecen o en los que se inspiran para transmitir los modelos, valores y símbolos de la sociedad. Por ello es útil distinguir entre:

‑ Grupos de pertenencia. En ellos los agentes de socialización están integrados ecológica, económica y sociológicamente. Son los grupos de los que se forma parte. La familia es el mejor ejemplo de este tipo, pero a la vez está incluida en otros grupos de pertenencia (estirpe, verticalmente, y resto de familia, horizontalmente). Es necesario conocer los de pertenencia de familia en sentido amplia, para saber la socialización que se opera en el seno de una nuclear.

Puede pertenecer al medio urbano o rural. La radicada en el medio rural puede ofrecer a sus hijos menos posibilidades de desarrollo intelectual que la perteneciente al medio urbano.

‑ Marcos de referencia. Son aquellos marcos de los que un agente socializador, sin pertenece a ellos toma los modelos y los valores y se inspira en los mismos para ejercer una acción socializante. Un ejemplo de esto puede ser la escuela, está inspirada en la clase media, quiere decir que toma de ella los valores y modelos (se inspira en ellos), y actúa en la clase baja como agente socializador. ¿Qué puede ocurrir? Que en los niños de la clase baja, los más desfavorecidos o desorganizados, se puede producir un conflicto entre su adhesión a los valores de su clase de pertenencia y la aceptación de los valores que les presenta la escuela que no son los de su clase sino de la media.

Ambos aspectos, los marcos de referencia y los grupos de pertenencia, son muy importantes, puesto que podemos encontrar, en momentos determinados, a agentes de socialización que cumplen su función no de acuerdo con las normas de su grupo de pertenencia, sino con respecto a otros marcos de referencia con los que quiere identificarse Es el caso de los padres que desean para sus hijos una posición social más elevada que la suya, por eso educan a sus hijos de acuerdo con las normas de una clase superior, que les sirve de marco de referencia.

IV. ADAPTACIÓN DE LOS NIÑOS Y NIÑAS AL CENTRO INFANTIL. El proceso de adaptación, debido a su gran importancia, debe ser planificado pedagógicamente. Familia y escuela son responsables de que este tramo escolar se desarrolle en unas condiciones beneficiosas para los niños. No es lo mismo escolarizar a un niño de un año que a otro de tres.

La entrada en la escuela implica una serie de transformaciones en el niño de tres años, cuyas consecuencias se extienden a toda la familia. En numerosas ocasiones la entrada en la Escuela Infantil supondrá la primera salida deL mundo familiar conocido y seguro, para introducirse en un mundo desconocido y más amplio de relaciones. Para la familia implica un distanciamiento físico durante largos periodos de tiempo del que, hasta hace poco, era el bebé de la casa.

Por ello hay que tener una sensibilidad especial en estos primeros contactos con la escuela. El equipo docente tiene que planificar cuidadosamente la adaptación personal a ese nuevo medio: estableciendo las condiciones materiales, temporales y personales que garanticen una atención individualizada, el respeto al proceso de cada niño, así como la necesaria comunicación con las familias, apoyando afectivamente la resolución de los conflictos que puedan aparecer y evitando, en todo caso, las situaciones traumáticas.

El ambiente que ha de encontrar el niño cuando llega debe ser rico en relaciones y solidario con sus necesidades físicas y afectivas. Cada cual tiene que hallar en la escuela respeto hacia su propia individualidad, apoyo, la necesaria confianza y un clima afectivo que, al menos en los primeros momentos, no le distancie de sus propias experiencias. Es conveniente que se mantenga una relación muy estrecha entre el ambiente familiar y la escuela. Traer algún objeto personal de casa, permitir que los padres entren en las clases, llamarles por sus nombres familiares, etc. son algunos de los procedimientos que les pueden ayudar a establecer una relación.

Es conveniente tener contacto directo con las familias, que puede vehicularse por distintos procedimientos: reuniones generales con todos los padres y madres, entrevistas por familias, etc. Con estos contactos se pretende: conocer aspectos de sus hijos, que nos ayudarán a tratarlos y hacerles más fácil su adaptación; darles a conocer las instalaciones donde los niños van a pasar buena parte del día‑ comentarles las líneas generales de la metodología que se va a seguir, así como algunas normas básicas de funcionamiento (ropa adecuada para las actividades, alimentos que deben llevar para el desayuno, materiales, etc.). Es bueno establecer un calendario, en las primeras semanas, de escolarización para que entren de una forma escalonada.

También se debe de insistir en estos primeros encuentros en las actitudes que unos y otros deben desarrollar para hacer el periodo de adaptación lo menos difícil posible. Hay que evitar conductas tales como asustar o amenazar a los pequeños con el colegio (“¡ya verás cuando tengas que ir al colegio…!”), darle un carácter dramático a las primeras despedidas (“yo me voy a quedar aquí en la puerta hasta que salgas”), crearles expectativas excesivamente elevadas respecto de la escuela, intentar que den una imagen de seguridad falsa (“los niños grandes no lloran”), u otras que suelen ser excesivamente frecuentes.

Pero no se puede limitar las implicaciones de la entrada en la escuela sólo a las dificultades o problemas que pueden plantearse en el periodo de adaptación. El acceso a la escuela puede y debe suponer una decisiva contribución al desarrollo integral y al aprendizaje de los de tres años.

Su apertura al mundo y el aprendizaje de la independencia se encuentran íntimamente unidas a dos situaciones bastante significativas para los niños de estas edades: por lado tenemos el apego y el establecimiento de las primeras vinculaciones afectivas en su hogar y, por el otro, la entrada en la escuela infantil. Es muy importante que en las primeras experiencias de independencia del hogar exista una interrelación emocional positiva entre el educador y el niño, para que éste tenga la seguridad de que tendrá amparo y protección cuando lo necesite. Pero también es necesario evitar la excesiva protección y excesiva confianza en estas primeras exploraciones infantiles, que pueden llevarle a un sentimiento de inseguridad y dependencia, que si enraíza puede perdurar hasta la pubertad o adolescencia. El mimado que no ha conseguido desplegar un comportamiento propio independiente constituye un caso de la misma gravedad, como el que no es capaz de establecer relaciones estables a causa de una carencia afectiva.

1. La llegada al centro y primeros contactos. El ingreso en el Centro de Educación Infantil supone el comienzo de una de las transiciones más importantes en la conquista de su autonomía y en su proceso de socialización. Supone el paso del grupo familiar a otro más amplio y desconocido en el que se incluye el escolar, siendo éste el primero con el que se pone en contacto.

Esta transición representa un paradigma fundamental para el estudio de la adaptación del niño como sujeto que cambia, en un medio ambiente que también cambia. Esta transición, como toda transición ecológica, supone efectos recíprocos entre los distintos sistemas que interactúan, en este caso la familia y la escuela. Resulta interesante analizar el impacto que produce esta transición no sólo en el niño, que directamente la sufre, sino también en el resto de los miembros del sistema familiar (padres, hermanos) y del sistema clase (educador, niños,..).

Es bastante importante en esta transición conocer el comportamiento del escolar al ingreso y en los primeros días de asistencia al Centro Infantil; su conducta ante la educadora; ante los demás niños; sus reacciones ante la separación de las madres; etc. Aunque estas conductas y reacciones dependen en cierto modo del nivel de seguridad e independencia conseguidas en el hogar, es posible distinguir una serie de características comunes a todos.

McGraw investigó este comportamiento de la siguiente manera:

Observó el comportamiento de 12 niños de 4 años al acceder a un grupo de preescolar ya formado. El número de miembros de este grupo oscilaba entre los 13 y 19. Cada uno de los nuevos son introducidos individualmente en intervalos de siete días. La observación se realizó durante los primeros cinco días y tres meses después, otros cinco días. Los resultados los describe del siguiente modo:

‑ La mayoría entraba en la escuela de la mano de la madre llevando en la otra un bocadillo o con un dedo en la boca. Después de encontrarse con la maestra y darle la comida, se agarraba a su madre alejándose de la maestra y evitando su mirada. ‑ Por lo general, la madre atendía al niño, le animaba verbalmente, le enseñaba los juguetes y la presentaba .a otros niños, Algunas veces era la maestra quien lo hacía mientras la madre miraba. En cuanto el niño comenzó a interactuar con la maestra, la madre se marchó.

‑ Se producen diversas reacciones ante esta partida. Si la madre se marchó sin despedirse, comenzó a mirar hacia donde la había dejado y al no encontrarla, la buscó con gran agitación corriendo y gritando por toda la clase. Los niños cuyas madres se habían despedido, mostraron conductas diversas: cuatro se echaron a llorar, dos salieron corriendo tras ellas, otros comenzaron pronto a jugar.

‑ Después de irse la madre la maestra solía estar con ellos 5 6 10 minutos. La reacción solía ser que la conducta de llanto, si se producía, cesaba pronto. La maestra secaba sus lágrimas y los llevaba a jugar, dejándolos luego solos para que explorasen el ambiente y se encontrasen con el resto de los niños. Sólo intervenía cuando encontraba a un niño muy perdido o excesivamente turbado.

‑ Las características de la conducta de los otros niños ante la entrada del nuevo fueron las de una absoluta ausencia de agresividad. Algunas veces mostraban especial atención a su llegada y se fijaban visualmente en él. A veces se concentraban a la entrada para ver llegar al nuevo de la mano de su madre. En ocasiones, algunos llegaban a mostrar conductas similares a las del nuevo, que por lo general ellos también habían mostrado cuando llegaron. ‑ La reacción de los nuevos ante los otros solía ser de inhibición. Todos los niños mostraron ante esta situación conductas nerviosas de auto manipulación y movimiento de pies, dedos en la boca, morderse los labios, evitar el contacto visual y encogerse de hombros.

‑ Durante el primer día, el nuevo se lo pasó, en general, explorando la habituación las actividades de los otros. En pocos casos se puso a participar en esas actividades y si lo hizo, fue de forma breve y superficial, rechazando las invitaciones y sugerencias y evitando, en especial, los juegos desordenados y las situaciones ruidosas o con posibilidades de conflicto. El investigador definió, esta conducta como “antítesis de la agresiva”: el nuevo permanece inmóvil, con los brazos caídos y pegados al cuerpo o moviéndolos lentamente. ‑ La conducta de los otros durante el primer día: Después de la inspección inicial, algunos dejaban de prestarle atención; otros se acercaban amistosamente ofreciéndole juguetes, invitándole a jugar preguntándole algo‑, entre estos, algunos dirigían sus preguntas a la maestra. Las niñas mostraban más atención protectora que los niños: verbalización confortante, contacto corporal, sonrisas frecuentes, muestras de objetos o informaciones a la maestra acerca de las dificultades del nuevo, etc. Los niños mostraban una conducta, que aunque respetuosa era más indiferente.

‑ Durante los cinco días siguientes a la entrada, la inmovilidad, automanipulación y miradas pasivas iban disminuyendo. Aumentó por el contrario su conducta “agonística” o de lucha (resistencia pasiva), su interacción con los compañeros, el tipo de actividades y el número de niños con los que se relacionaba. La interacción con la maestra permanecía constante. Los otros dejaron de prestarle atención a partir del tercer o cuarto día.

Las observaciones realizadas tres meses después mostraron que habían disminuido considerablemente las conductas de autoafirmación, inmovilidad, miradas pasivas, etc. Las diferencias de conducta entre los nuevos y los antiguos eran casi imperceptibles.

2. Transición de la familia a la escuela. Muchas de las conductas descritas antes y que realiza durante los primeros días de ingreso en la escuela están estrechamente relacionadas con la conducta de apego, que se intensifica en determinadas situaciones, como puede ser el entrar en un ambiente desconocido, presencia de adultos extraños. Por eso al estar en esta nueva situación no es extraño que reclame a la madre, para poder superar el miedo y la inseguridad que le produce la nueva situación.

A) INDEPENDENCIA DE LA FIGURA DE APEGO: La conexión existente se va debilitando, lo que va a permitir una mayor independencia de la madre y desarrollar una tendencia exploratoria. En el desapego, incorporación al nuevo grupo y exploración influyen unas variables:

* La capacidad representativa del niño. Su desarrollo de la representación mental del objeto de apego, de una forma estable y segura, le permitirá explorar sin miedos el nuevo ambiente sin la presencia de la madre.

* Preparación del niño. Es conveniente ayudarle mediante el aprendizaje de rutinas cotidianas o la verbalización, por parte del educador, de lo que se va a hacer en cada momento, ya que es importante que comprenda la situación de separación como algo pasajero y que anticipe lo que va a pasar. Esto tiene que ser así porque su noción del tiempo es muy rudimentaria.

* Estímulos atractivos. Hay otras variables que influyen en el desarrollo de esta independencia y exploración en el grupo: el tiempo que durará la separación y la presencia de estímulos atractivos. Por eso el Centro Educativo tiene que tener presente para favorecer la enseñanza:

‑ Que la madre esté presente en la clase inicialmente. ‑ Que estén otras personas conocidas.

‑ Que se le permita llevar sus cosas al centro.

‑ Que el ambiente se le presente con una relativa novedad, lo que puede estimular su curiosidad.

* Momento psicoevolutivo. Hace relación al momento psicológico y evolutivo en el que conviene realizar la incorporación al centro, En la medida de lo posible conviene evitar que la entrada coincida con momentos de especiales dificultades (nacimiento de un hermano). Igualmente resulta aconsejable que esta transición sea gradual.

B) ELEMENTOS QUE INFLUYEN: El modo como se facilite o dificulte el paso del ambiente familiar al escolar puede ser decisivo para la adaptación del niño. Esta transición no se puede realizar de golpe, sino que es un proceso de aprendizaje al que tiene que someterse y en el que entran en juego personas y situaciones de importante significado: el educador, compañeros, clima social de la clase, la familia, etc.

* El educador y el clima social. La figura del maestro es muy importante en toda la vida escolar, es uno de los principales agentes de socialización. En un primer momento transfiere al maestro o maestra la figura principal de apego. Y aunque fomenta más la independencia y protege menos, sus interacciones con él no suelen ser cualitativamente diferentes. Esta tendencia, que a veces se mantiene en etapas posteriores, es un factor positivo, pues proporciona un sentimiento de seguridad que le facilitará la exploración y la relación con los compañeros.

Muy directamente unido con lo anterior está el clima social de la clase. Sus variables ecológicas (asientos, disposición del mobiliario, ruidos, etc.) y el componente humano (tamaño, densidad, número de niños, etc.) forman parte de este clima.

* Los compañeros. Uno de los aspectos más importantes de la educación infantil es la interacción del sujeto con sus compañeros, en cuanto que es cualitativamente distinta a la mantenida en familia y la que aporta elementos nuevos a su desarrollo personal. A través de estas interacciones con sus iguales aprende: que puede negociar vínculos sociales según sus necesidades personales y exigencias del contexto social; que sus iguales no le aceptan inmediatamente‑ que debe de convencer a los demás de sus méritos como compañero de juego, y que a veces debe de anticipar y aceptar su exclusión.

* Los padres. Estos forman el tercer objeto transaccional. Con su actitud le facilitan esta transición y cuanto supone para él: animan y premian sus iniciativas y esfuerzos por explorar el entorno; le animan a establecer amistades y proceder de modo autónomo; le siguen proporcionando el cariño manifiesto y seguridad, ‑ si se presentan situaciones regresivas cuando intenta adaptarse a nuevas situaciones en el centro, los padres se mostrarán comprensivos.

V. RELACIONES ENTRE LA FAMILIA Y EL EQUIPO DOCENTE. Para el Equipo Docente es de gran importancia conocer las relaciones familiares del niño, ya que sin ello difícilmente pueden llegar a comprenderlo, porque los padres y los hermanos son los primeros educadores y seguirán siéndolo durante los años de escolaridad.

Ahora bien, los padres no han sido preparados para la educación de sus hijos. Los tienen y los ven crecer y se limitan a aplicar los mismos criterios que aplicaron en ellos sus padres, o, peor todavía, a tratar al niño como a un adulto, sin poder comprenderlo, desconociendo su psicología y su problemática. Esta posible realidad familiar va a condicionar la labor del maestro y éste debe considerarla si es que quiere comprender al alumno y sacar provecho educacional de él.

En sus diálogos con los padres deben intentar hacerles comprender la problemática de las relaciones con sus hijos y cuánto es lo que pueden hacer por su educación. Por otra parte deben recordar que es con ellos con quienes hacen su aprendizaje de las relaciones con los demás y que según obren así obrarán sus hijos.

Lo que indican los documentos oficiales al respecto:

1. Diseño Curricular Base para la Educación Infantil (MEC, 1981). “Cuando un niño menor de 6 años asiste a un Centro de Educación Infantil, lo que en él se pretende debe ser compartir con la familia la labor educativa, completando y ampliando las experiencias formativas del desarrollo. Para que esta labor se realice correctamente, la comunicación y coordinación entre los padres y los educadores es de la mayor importancia. Por ese motivo, una de las tareas que competen al profesor y al equipo educativo del que forma parte, consiste en determinar los cauces y formas de participación de los padres en el Centro de Educación Infantil. Los distintos modos en los que tal participación puede concretarse suelen agruparse en individuales y colectivos.

En la participación individual, familia y educadores tratan de guiar facilitar primero la incorporación y luego una adecuada adaptación del niño al Centro. En un primer contacto, generalmente en la entrevista inicial padres y educadores sentarán las bases de la futura relación: se conocerán y establecerán el clima de confianza mutua indispensable para que la comunicación entre ellos resulte fluida. Además, los educadores tendrán las primeras referencias del niño al que van a recibir; recabarán datos, opiniones, comentarios que servirán para orientar mejor el proceso. Los padres, a su vez, conocerán el Centro, su espacio físico, los recursos disponibles, las necesidades y obligaciones que se derivan del Proyecto Educativo.

En ulteriores contactos se analizará la evolución del niño en todos los aspectos, se comentarán y evaluarán las nuevas adquisiciones, dificultades y progresos. La familia aporta una primordial información siempre necesaria, tanto sobre aspectos ligados al cuidado del niño (alimentación, hábitos de sueño, estado de salud,…), como sobre la generalización de los aprendizajes y experiencias que se dan en el Centro. Pero es en este Centro donde se aplican los logros y avances, los nuevos hábitos y las nuevas conquistas que tienen su origen en el núcleo familiar. En ambos casos, el intercambio de puntos de vista y la evaluación conjunta y razonada del proceso, proporcionarán nuevos elementos que permitan modificarlo, reconducirlo y perfilarlo.

Se insiste, con razón, en la importancia de que los niños encuentren en el Centro de Educación Infantil un entorno en el que se sientan seguros y confiados. Pero es importante también que los padres sientan esa seguridad y confianza respecto al Centro al que los niños asisten. Para que ello sea posible, los padres deben percibir que sus hijos son objeto de atención y observación particular por parte de los educadores. Cuando éstos comentan con los padres los progresos del niño, sus adquisiciones, sus actividades preferidas, etc., les transmiten la seguridad de que su hijo está siendo adecuadamente educado y estimulado. Por otro lado, cuando los padres informan a los educadores de la situación del niño en un momento determinado, de alguna necesidad específica que debe ser satisfecha, o de algún aspecto concreto que deba ser tenido en cuenta, están permitiendo a los educadores conocer mejor al niño y, por tanto, organizar mejor su trabajo educativo.

Además de este contacto, los padres podrán poner a disposición del Centro su experiencia en muy diversos terrenos: realizar actividades con los niños, organizar talleres o participar en tareas de organización: infraestructura, equipamientos, admisión de nuevos alumnos, etc.

Conviene que esta participación esté convenientemente organizada, de forma que no constituya en ningún caso un entorpecimiento a la labor educativa. Lo importante es que la presencia de los padres y madres no pueda asimilarse a un episodio puramente anecdótico y formal, y que de ella deriven beneficios para el proceso de desarrollo y educación del niño.

En otro orden de cosas, a través de su participación activa en el Centro Infantil (pasando algunas horas en el interior de la clase, acompañando al profesor y a los niños en alguna salida, etc.), los padres pueden observar al educador, pueden aprender nuevas formas de comunicarse con sus hijos y estimular su desarrollo, y establecer acuerdos en la forma de tratar a los pequeños, lo que indudablemente redundará en beneficio del niño. La ventaja de que los padres no sólo hablen con el profesor, sino que le vean trabajar con los niños y estimularlos, es no sólo que así tienen una visión distinta de sus hijos, sino que pueden adquirir otra visión de sí mismos como educadores. Existe además la posibilidad de que los padres colaboren en algunas actividades (contar o escenificar un cuento, organizar un determinado taller,…). Naturalmente, tal colaboración no debe de perder de vista el hecho de que en el Centro de Educación Infantil la responsabilidad educativa y el trabajo docente recae de lleno en los maestros.

Otra forma de participar la constituyen las reuniones generales de padres y algunas actividades del Centro. A través de las primeras, los padres van conociendo no sólo la evolución de su hijo, sino la del grupo en el que se encuentra inmerso, favoreciendo una visión menos centrada, más amplia y global. Mediante el segundo tipo de actividades (ya se trate de fiestas organizadas con los niños, ya se trate de charlas, conferencias, grupos de trabajo y discusión), se favorece el necesario contacto y la adopción de posturas comunes entre los contextos de desarrollo más importantes en la vida de los niños de las primeras edades”.

2. Diseño Curricular de Educación Infantil de la Junta de Andalucía. “Hemos puesto de relieve como el desarrollo y el aprendizaje tienen un carácter interactivo en el cual el medio social tiene un importante papel. No cabe duda que en este medio social los padres tienen una función específica: sus relaciones con los hijos tienen características diferenciales con respecto a otros adultos; la cantidad de tiempo que destinan a esta relación, los vínculos emocionales o la responsabilidad social que asumen, entre otros factores, crean un marco interactivo y relacional al cual no podemos dar la espalda.

Si bien la familia y la escuela son dos ámbitos educativos distintos ‑tanto por su naturaleza, como por su organización, forma de intervenci6n, etc.‑ se plantean un objetivo común: la educación del sujeto y el desarrollo de todas sus potencialidades.

En este sentido debe haber una estrecha relación entre los padres y la escuela, estableciendo una comunicación rica y fluida que necesariamente servirá para un mayor y mejor conocimiento acerca del niño por parte de los más directamente implicados en su educación.

Las relaciones padres‑educadores no son siempre fáciles. Si bien ambas pueden estar de acuerdo en las orientaciones generales de educación que debe recibir el niño, pueden existir discrepancias en lo referente a las imágenes que cada uno haya construido sobre el mismo o en cuanto a determinados objetivos concretos.

En consecuencia, el contexto de las relaciones padres‑educadores está caracterizado por el binomio autonomía‑ cooperación. Autonomía en cuanto que cada uno tiene roles y perspectivas distintas; cooperación en la medida en que comparten la educación de una misma persona.

Esta relación es dinámica. La movilización de uno de los agentes tiene repercusiones en el otro. Así, los educadores pueden incidir sobre los padres modificando las ideas sobre sus propios hijos, en tanto que los padres pueden aportar informaciones que ayuden a los educadores a orientar su intervenci6n.

Recientes investigaciones (Palacios, 1987 b:160) ponen de manifiesto cómo unas prácticas de crianza y educación por parte de los padres obedecen en general a una concepción subyacente sobre lo que es el desarrollo y cómo se debe educar: “Creemos, asimismo que tanto las interacciones que los padres desarrollan con sus hijos, como la forma en que organizan el entorno familiar, guardan una estrecha relación con las ideas evolutivo‑educativas que los padres sostienen, ya se trate de ideas generales o de ideas vinculadas a la acción”. Estos conocimientos e ideas pueden ser ‑como señala este mismo autor- veces incorrectos, a veces insuficientes, a veces moldeados por la publicidad.

Desde nuestra visión de Educación Infantil al servicio del niño y la comunidad, estimamos que el Centro puede y debe intervenir en el enriquecimiento de las ideas educativas de los padres. Los conocimientos técnicos del Equipo de Educadores y la posibilidad de ofrecer modelos alternativos hacen de éste uno de los ejes fundamentales sobre los que debe asentarse cualquier programa de intervención y de establecimiento de comunicación con los padres.

Por su parte los padres disponen de información sin la cual sería muy difícil la intervención educativa y que debe ser transmitida al Equipo de Educadores para que se hagan una imagen más ajustada del niño y su entorno.

En otro orden de cosas, la configuración de un modelo educativo democrático conlleva la participación de los padres en la toma de decisiones que afectan a la vida del centro.

Como medios para garantizar un marco de relaciones formativo, informativo y democrático, proponemos la institucionalización de:

A) ENTREVISTAS PADRES‑EDUCADORES: Se producirán a solicitud de uno, otro, de ambos o siempre que las condiciones lo aconsejen. Cada educador dispondrá de, al menos, de una hora semanal para recibir a padres. Previamente a‑la entrevista concertarán los puntos a tratar y, con posterioridad, el educador anotará los datos relevantes de la misma.

B) REUNIONES PADRES‑EDUCADORES: Podrán convocarse para la totalidad o para un grupo. Tienen por objeto explicar objetivos y métodos e informar sobre la marcha general del curso. Cada Centro convocará a los padres una vez por trimestre lectivo como mínimo

C) PARTICIPACIÓN EN LAS ACTIVIDADES DEL CENTRO: La asistencia de los padres tiene la doble utilidad de apoyar al educador en algunas actividades y ofrecer modelos para los padres. No se descarta ‑siempre que exista un acuerdo entre padres y educadores‑ la asistencia de padres al centro en actividades cotidianas.

D) ENCUENTROS FORMATIVOS PADRES‑EDUCADORES: La necesidad de formación y de disponer de un lugar de encuentro para los padres y los temas educativos se hace cada vez más patente. La integración de los ámbitos escolar y familiar, es crucial para la educación de los niños, y sin embargo, sigue habiendo en muchos casos una excesiva separación e incluso aspectos contradictorios que deben superarse. Promover actividades donde los padres aborden, desde perspectivas modernas y científicas, los temas que más les interesa sobre la educación de sus hijos, es requisito para el progreso de una Comunidad Educativa

Estos encuentros pueden adoptar formas diversas ‑más o menos organizados, más o menos intencional izados‑ y denominaciones diferentes (“Escuelas de padres”, reuniones, seminarios, etc.), pero en cualquiera de los casos deben adecuarse a las motivaciones e intereses de los protagonistas.

E) PARTICIPACIÓN INSTITUCIONALIZADA: La participación de los padres en la gestión democrática de los centros queda garantizada en la legislación vigente y se concreta en su representación en los Consejos Escolares de Centro. Los intereses comunes se podrán defender a través de las Asociaciones de Padres de Alumnos.

La totalidad de las actividades realizadas en relación con los padres se deben registrar en la Memoria Anual del Centro

BIBLIOGRAFÍA

BURGUIRRE, A y otros. (1988). Historia de la familia. Alianza ED. Madrid.

DIAZ‑AGUADO, M.J. (1984). “El ingreso en el centro educativo”. En Psicología educacional. UNED. Madrid

GARCIA MANZANO, E. y LINTURBE JIMENEZ, J. (1978). Vida afectiva del preescolar, UNED. Madrid.

MUJINA, V. (1985). Psicología de la edad preescolar. Aprendizaje. Visor. Madrid.

RODRíGUEZ RAMíREZ, A. (1994). Papel del adulto: los profesores y la familia. GALLEGO ORTEGA, J.L. y Cols. Educación Infantil. Aljibe. Málaga