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Tema 19B – La enseñanza y el aprendizaje de la lengua en la Educación Infantil. Técnicas y recursos para la comprensión y la expresión oral. La intervención educativa en el caso de lenguas en contacto.

I. ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE DE LA LENGUA EN EDUCACIÓN INFANTIL.

1.1. Hablar y comprender.

La comunicación consiste en la transmisión de una información encaminada a instruir o influir en un individuo o en un grupo, supone, por tanto, un proceso de cuyos elementos descritos por Jacobson, destacamos los siguientes: emisor-mensaje-receptor.

El emisor elije y selecciona a partir de distintas alternativas y por medio de un proceso de codificación, unas señales determinadas para estructurar el mensaje destinado al receptor, que las descifra e interpreta partiendo de las mismas, ya que ambos utilizan el mismo código o conjunto de señales arbitrario pero organizado previamente.

HABLAR es la posibilidad que el niño-a desarrollará al crecer en una sociedad parlante. Hablar es un hecho social, es una actividad del cuerpo y una actividad mental.

COMPRENDER supone una actividad mental comparable a la de hablar. Comprender es interpretar significaciones, lo cual supone una actividad de lenguaje.

1.2. La competencia lingüística.

Antes de finalizar la Educación Infantil el niño-a debe disponer de un funcionamiento del sistema lingüístico que le permita hablar.

La adquisición lingüística no responde al simple hecho de memorización, sino a un hecho de abstracción complejo que pone al niño-a en disposición de construir un sistema, o varios, cuyo conocimiento supone la competencia lingüística.

1.3. La Interacción niño-adulto en la adquisición del lenguaje.

El niño-a aprende a hablar el tiempo que aprende a pensar y a razonar, de ahí la importancia de una interacción estimulante, rica afectivamente, generadora de placer, provocadora de actitudes de razonamiento, que le llevan por su propia experiencia al mundo de la significación, ya que en el lenguaje humano no se aprende nunca por simple imitación, sino que debe ser conquistado y formado de nuevo:

· Es importante sumergir al niño-a en una atmósfera lingüística, produciéndose así una impregnación del lenguaje.

· Es preciso que el niño-a hable en intercambios estructurados con el maestro-a.

· Es imprescindible hacerle hablar.

· Ayudar al niño-a a gozar del habla.

1.4. La corrección en un proceso activo y creativo de aprendizaje.

El-la niño-a aprende a hablar gracias a la corrección por sustitución de una forma por otra. Hay tres tipos de correcciones:

– Fonética o fonológica.

– Extensión semántica.

– Expansión sintáctica.

II. TÉCNICAS Y RECURSOS PARA LA COMPRENSIÓN ORAL.

La comunicación oral requiere la emisión y la recepción de mensajes; por tanto, hay que desarrollar las habilidades de escucha, que requieren concentración, retención y toma de decisiones.

Son importantes las actividades de discriminación visual, dad la importancia de la observación como “generadora” del lenguaje. Cuando se les aporta material para que vayan descubriendo conceptos de color, tamaño o volumen a través de las láminas, dibujos o rompecabezas, los-as niños-as afinan su capacidad de observación al percibir semejanzas o diferencias al observar cómo las cosas se pueden descomponer en partes y volverse a componer unitariamente; experiencias que, por otra parte, serán muy valoradas al adentrarnos en el mundo de lo escrito.

2.1. La lengua como sistema.

La lengua es un sistema de signos arbitrarios, cada uno de los cuales posee un significante compuesto por una serie de sonidos y uno o varios significados. A pesar de su arbitrariedad, constituyen un sistema porque los signos no integran nóminas indiscriminadas, sino que forman una organización en la que todos sus miembros están interrelacionados.

Existen 3 niveles fundamentales en la lengua:

– Fonológico: integrado por fonemas.

– Léxico-semántico: formado por palabras aisladas, frases, oraciones o el discurso en el que cada unidad puede modificar su significado sometida por el contexto.

– Morfo-sintáctico: constituido por morfemas, palabras y sus posibles combinaciones para formar oraciones.

2.2. Organización fonética y fonológica.

Existen una serie de estructuras evolutivas y pautas cognitivas que determinan el aprendizaje fonético del niño-a:

Para que un niño-a sea capaz de adaptar progresivamente su propia fonética a la fonética correcta de su lengua, necesita:

– Una buena atención y discriminación auditiva general y fonética.

– Una buena motricidad buco-facial general y una buena motricidad aplicada a los movimientos articulatorios durante la expresión verbal.

– Una motivación suficiente para hablar bien y superarse. Según ello, proponemos una serie de “líneas” de juego que se pueden multiplicar dependiendo del interés y de las necesidades del grupo concreto.

– Ejercitación de los músculos faciales, con especial atención a los bucales, para obtener una mejor calidad en la producción del sonido.

– Audición de sonidos o ruidos familiares, tales como objetos de la casa, de la calle o de la escuela y su identificación, así como de sonidos producidos por distintos animales con diferentes estados de ánimo, onomatopeyas o formas de comunicación del tipo: buenos días, ¡bravo!, ¡atención!, por aquí, etc.

– Descubrir vocablos que comiencen por un sonido determinado, por ejemplo palabras que empiecen por /r/.

– Juegos de entonación distinta para una frase.

– Producir rimas y reproducirlas para cualquier cosa.

– Inventar y memorizar palabras o rimas, sustentadas únicamente por su sonoridad.

– Jugar con retahílas y trabalenguas provenientes de la tradición popular.

2.3. Organización semántica.

Se realiza a través de una serie de adaptaciones entre el niño-a y el mundo que le rodea, en un doble sentido:

a) Desde el punto de vista de la representación que se va haciendo del mundo.

b) Desde el punto de vista de la comunicación que se establece con él.

En cuanto al primer punto, la percepción de la realidad por el-la niño-a se va transformando paulatinamente debido, entre otras circunstancias, a su desarrollo cognitivo, a su experiencia en aumento y a los modelos transmitidos.

La unión entre referente, significado y significante puede establecerla un niño-a de dos formas:

– El lenguaje llega después de haber vivido la experiencia.

– El lenguaje se adelanta a la experiencia.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el significado de las palabras que usa el niño-a frecuentemente difiere del uso adulto, sobre todo en los más pequeños, produciéndose posteriormente un acercamiento gradual en este sentido. La diferencia suele polarizarse en los siguientes aspectos:

– Ausencia total de correspondencia, atribuye a un referente una palabra completamente distinta de la usada por los adultos.

– Uso parcial, al utilizar un significante con un número de referentes notablemente inferior a los que cubre el léxico adulto.

– Sobre-generalización al utilizar una sola palabra para referentes para los que el adulto utiliza varias.

Por todo lo anterior, podemos decir que el desarrollo lexical no se limita al aprendizaje de una palabra o de una expresión verbal concreta, sino que sigue un proceso de acercamiento de los significados por autorregulación sucesiva.

Es conveniente basarse en la experiencia de cada uno de los niños-as no siendo en principio tan importante la extensión del vocabulario como la precisión.

El léxico pasivo pasa a formar parte de su léxico activo por medio de actividades como:

– Establecer campos léxicos cuyo significado guarda una relación de pertenencia a una totalidad más amplia.

– Establecer léxicos a partir de significantes.

– Utilizar todo lo que nos rodea para trabajar el léxico.

– Trabajar también con todo aquello que los-as niños-as traen a casa.

– Descripción de fotografías familiares.

– Descripción de ilustraciones o fotos de revistas, periódicos, tebeos, etc.

– La narración de historias y la utilización de cualquier tipo de poesía.

2.4. Organización morfo-sintáctica.

El aprendizaje de la morfo-sintaxis supone la puesta en relación de elementos distintos, con una gran organización exigente, una actividad cognitiva autónoma, independiente y personal.

Antes de los tres años es capaz de formar oraciones yuxtapuestas y coordinadas, por lo cual se habrá de programar en este campo en un entrenamiento progresivo, sistemático y permanente, comenzando por experimentar las combinaciones más ricas posibles de la frase simple:

· Para cada categoría de frase proponemos todas las formas posibles: enunciativa, exclamativa, interrogativa,….

Progresivamente se irán trabajando las distintas estructuras, procurando seguir cierto orden de complejidad:

– Verificamos el funcionamiento de las partículas de coordinación: y, ni, que….

– Oraciones coordinadas y yuxtapuestas.

– Combinamos una oración principal con una subordinada, utilizando distintos anexos y alternativas.

Cuando el esquema de las distintas estructuras sintácticas funciones satisfactoriamente, pasaremos a combinarlas.

VI. INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN EL CASO DE LENGUAS DE CONTACTO.

El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla. Las demás lenguas españolas serán oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus estatutos. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

La L.O.G.S.E. es la primera Ley General de Educación de Estado que reconoce el valor diferencial de las distintas lenguas y que obliga a incorporar en el currículum junto al castellano, las lenguas de las comunidades con lengua propia.

Un niño-a adquiere una sola vez en su vida, entre 0-6 años, la facultad de comunicarse por el lenguaje.

El-la niño-a bilingüe pasa por etapas intermedias de diferenciación progresiva en ambos sistemas.

En muchas ocasiones niños-as bilingües tienen problemas que se manifiestan a través de síntomas relacionados con las lenguas: bloqueo, rechazo de una de ellas, tartamudeo, etc,…

Hay que tener en cuenta en cuenta que la lengua materna constituye la trama de las primeras relaciones afectivas, del descubrimiento de sí mismo y de los demás, de las primeras experiencias, reacciones, emociones y sentimientos.

El objetivo fundamental de la educación bilingüe en comunidades con lengua propia debe ser claro: mantenimiento de L1, fomentando su dominio y adquisición de un alto nivel de competencia en L2. Cuando esto se consigue de manera coherente, supone a la larga:

– La adquisición de una gran plasticidad y flexibilidad intelectual.

– El desarrollo de una conciencia metalingüística.

– Mayores posibilidades de abstracción y de conceptualización.

– Facilitación de la adquisición ulterior en otras lenguas.

Existen 4 tipos clásicos de programas bilingües:

a) Programas de segregación: Utilizan como lengua de instrucción la L1 y L2 queda reducida a la enseñanza como materia del curriculum.

b) Programas de submersión: Para escolares cuya L1 es diferente del resto del grupo. La enseñanza en otra lengua a veces los aleja de su entorno cultural y da lugar a una serie de problemas. El objetivo es la similación a la cultura mayoritaria, a la lengua dominante, pero frecuentemente, como ha sido estudiado en hijos-as de emigrantes, no se consigue el éxito deseado.

c) Programas de mantenimiento: cuyo objetivo radica en el aprendizaje de una L2 con el mantenimiento de la propia para garantizar su supervivencia, utilizando como lengua vehicular la L1 para introducir progresivamente la L2, de tal forma que el currículum se imparte en las dos lenguas hasta que finalizan el período escolar.

d) Programas de inmersión: La instrucción se realiza en la L2 para un alumnado con una L1 mayoritaria, de manera que al conocimiento de su lengua familiar añaden el conocimiento de otra lengua, en un proceso natural.

En definitiva, la lengua utilizada es para él/ella el medio para expresar sus deseos y para obtener la satisfacción de los mismos. No tiene conciencia de aprender una lengua, no la objetiva, no ejerce reflexión sobre ella: la vive, es decir, comprendo poco a poco, porque habla; piensa en la lengua, pero no piensa acerca de ella. La palabra es, para él-ella, un medio de alcanzar un fin, pero no es el fin en sí, ni para ésta ni para cualquier lengua que utilice.