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Tema 4 – El niño descubre a los otros. Proceso de descubrimiento, de vinculación y aceptación. La escuela como institución socializadora. El papel del centro de Educación Infantil en la prevención e intervención con niños y niñas en situación de riesgo social. Principales conflictos de la vida en grupo.

0. INTRODUCCIÓN.

1. EL NIÑO DESCUBRE A LOS OTROS.

1.1. Desarrollo social según Wallon.

2. PROCESOS DE DESCUBRIMIENTO, VINCULACIÓN Y ACEPTACIÓN.

2.1. Conducta de apego

2.2. los grupos de iguales.

3. LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN SOCIALIZADORA.

3.1. Papel e importancia de la escuela para el desarrollo social del niño.

3.2. Programa de desarrollo social.

4. PAPEL DEL CENTRO DE EDUCACIÓN INFANTIL EN LA PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN CON NIÑOS / AS EN SITUACIÓN DE RIESGO SOCIAL.

4.1. Detección de situaciones de riesgo social.

4.2. Programas de intervención.

5. PRINCIPALES CONFLICTOS EN LA VIDA DEL GRUPO.

6. CONCLUSIÓN.

7. BIBLIOGRAFÍA.

M.E.C. Cajas Rojas.

– Moreno, J.C.: “Relaciones sociales” Alianza editorial, Madrid, 1990.

– Coll, C.: “Interacción entre alumnos y aprendizaje escolar” Alianza editorial,

Madrid, 1990.

0. INTRODUCCIÓN.

-Como ya manifestó Rousseau, el hombre es el primer sociable por naturaleza, pero a lo largo de la vida, irrumpen variables que son necesarias controlar para que dicha socialización natural se produzca, de forma que enriquezcan a la persona, orientándola ante facetas tan diversas como:

– Peligros en la vida y la salud.

– Cuidados básicos en la alimentación e higiene.

– Establecimiento de vínculos afectivos.

– Por ello, y para favorecer todas las necesidades, padres y educadores han de ofrecer

al niño toda clase de experiencias y actividades que le permitan interactuar en su medio y con los distintos grupos humanos con los que establezca contacto.

1. EL NIÑO DESCUBRE A LOS OTROS.

El desarrollo social es, en sentido amplio, la adquisición de valores, normas, costumbres, roles, conocimientos y conductas que la sociedad transmite y exige cumplir a cada uno de sus miembros.

El recién nacido es un ser indefenso, su supervivencia depende de la ayuda que le preste su grupo social, pero a la vez, tiene desde el momento del nacimiento una enorme capacidad de aprendizaje social y nace interesado por los estímulos sociales y necesitado de resolver sus necesidades vinculándose y adaptándose el grupo social.

Pues bien, todos los procesos de incorporación de los niños al grupo social deben ser considerados como procesos de socialización: todas las formas de vinculación afectiva, aprendizaje comportamental y crecimiento social.

El grupo social donde nace el niño necesita también de la incorporación de éste para mantenerse y sobrevivir y, por ello, además de satisfacer sus necesidades, le transmite la cultura. Esta transmisión cultural implica valores, normas, costumbres, asignación de roles, enseñanza del lenguaje a través de determinados agentes sociales, que son los encargados de satisfacer las necesidades del niño e incorporarlo al grupo social. Entre estos agentes están determinadas personas (la madre, el padre, los hermanos, otros familiares, compañeros, amigos, los maestros y otros adultos), algunas instituciones (familia y escuela), los medios de comunicación social (televisión, radio, prensa) y otros instrumentos (libros, juguetes, etc). todos ellos tienen una importancia decisiva en el proceso de socialización del niño.

1.1. Desarrollo social según Wallon:

Para Wallon el desarrollo social está constituido por una serie de estadios:

a) Estadio impulsivo ( 0 ‑ 3 meses):

Se establece un sistema de comunicación compuesto de actitudes, gestos, movimientos con base afectiva que satisface física y emocionalmente al bebé.

Aparecen en el niño los primeros sentimientos afectivos, que marcaran al mismo tiempo su primera relación con el otro por la dependencia física y emotiva con él.

A1 final del periodo, a los tres meses, sus emociones se van diferenciando, y los sentimientos se hacen más conscientes, sintiéndose causa de éxito o fracaso, con lo cual se hace necesario la aceptación por parte de todos.

b) Estadio emocional ( 6 meses ‑ 1 año):

Alrededor de los 6 meses el niño discrimina toda una serie de estados afectivos. Tales como alegría, tristeza, dolor, cólera…

Hacia el 9° mes, los objetos de su entorno más próximo actuarán como mediadores sociales entre él y el adulto. Nuevo contacto social. Se produce la rivalidad con los niños de su edad, dando lugar a la pelea.

A los 18 meses, se inicia en el niño un comportamiento social cooperativo. Comienza con el establecimiento de una comunicación afectiva‑ emocional con la madre.

A los 24 meses, se da un importante aumento de la interacción social, amplia sus relaciones con otros niños, constatándose el “JUGUETE” como instrumento social básico en este progreso social.

c) Estadio del personalismo.( 3 ‑ 6 años):

Predomina la búsqueda de la independencia y el enriquecimiento de yo, e identificación con su sexo. En este estadio Wallon distingue tres fases:

– 1ª Fase de oposición e inhibición ( 3 años): Aparecen actitudes de rechazo y negativismo frente a los adultos debido a que quieren mostrar su autonomía.

– 2ª Fase de la gracia y timidez ( 4 años): El niño se hace seductor, narcisista. Busca la aprobación del adulto y se establece la conciencia moral. También puede ser un período de timidez.

– 3ª Fase de imitación ( + 5 años): El niño interioriza el rol de otras personas e intenta reproducirlo. Es la edad de la identificación.

d) Estadio de dispersión ( + 6 años):

Comienza a los 6 años, caracterizado por la psicolabilidad afectiva, los cambios constantes de humor, y las emociones ambivalentes.

Se amplia y diversifica el panorama que existe en sus relaciones con los demás, por ello también es llamado edad de dispersión de la socialización.

2. PROCESO DE DESCUBRIMIENTO, DE VINCULACIÓN Y ACEPTACIÓN.

A partir del nacimiento, el bebé va a ser objeto de múltiples acciones sociales que constituirán la base de sus relaciones para su futura vida social. Su total indefensión en los primeros meses de vida hace que dependa exclusivamente del adulto para sobrevivir. Tiene respuestas emocionales poco específicas (sensaciones de placer-displacer dependientes del estado de tensión-relajación que experimente) y su actividad es durante mucho tiempo exclusivamente sensoriomotora.

Sin embargo, este niño indefenso está dotado de grandes capacidades perceptivas y de aprendizaje que le hacen ser un activo buscador de estímulos sociales (rostro humano, voz humana, temperatura, textura del cuerpo humano…) y así satisfacer su necesidad primaria de vincularse afectivamente a los miembros de su especie.

2.1. Conducta de apego.

En principio las señales que el niño emite sólo tendrán valor de comunicación para la madre o persona que le cuida, pero poco a poco el niño establecerá interrelaciones y relaciones recíprocas con las personas que le rodean, iniciándose de esta manera una auténtica comunicación mediante gestos, miradas, vocalizaciones… esta relación especial que el niño establece con la madre, padre u otras personas que se encargan de su cuidado, es lo que se llama: “apego”.

El apego es el resultado de un proceso que tiene lugar en los primeros meses de vida y que origina las primeras vinculaciones afectivas entre el niño y las personas con las que interactúa de forma privilegiada. Las figuras de apego tienen para el niño un significado totalmente especial, favoreciendo la identificación del niño con ellas y, de esta forma, la asimilación social a sus valores, normas y conductas.

2.2. Los grupos de iguales.

La capacidad de socialización con los iguales no es algo que aparezca automáticamente en el proceso de maduración. No podemos fijar una edad determinada en la que podamos decir que el niño tiene madurez para integrarse sin conflicto. Ello depende de una serie de variables como las conductas familiares a las experiencias habidas con otros niños. Pero lo que sí es obvio es que el niño es un ser eminentemente social desde su nacimiento, que su conducta se orienta a los otros y que su identidad de construye mediante las interacciones sociales establecidas.

Durante el primer año de vida los iguales tienen un rol poco significativo. Aunque los niños pequeños muestran interés por otros niños pequeños, suelen mantener relaciones muy pobres con ellos. Son los adultos los que cuidan y estructuran las relaciones de los niños con el entorno. Esto es así incluso en aquellos niños que van a centros infantiles puesto que carecen de movilidad y lenguaje que les permita enriquecer los intercambios con otros niños.

Mueller y Vendell (1979) observaron que las respuestas dirigidas al otro durante el primer año de vida se limitaban a “sonreír”, “vocalizar”, “ofrecer juguetes”, “acercarse”, conductas no muy diferentes de las que se observan con los adultos. Sin embargo, estas respuestas tienden a ser breves, pasivas y aisladas, reacciones fugaces hacia el otro niño cuyo objetivo es provocar una respuesta aunque raramente la consigan.

A partir del segundo año de vida las cosas cambian de forma espectacular. El desarrollo de las capacidades motrices, mentales y lingüísticas les proporciona nuevas oportunidades de interacción e intercambio. A partir de este momento la importancia de la relación con los iguales es creciente.

Más tarde se observa que sigue aumentando la relación con los iguales y diferenciándose de la interacción con los adultos; el niño distingue comportamientos que lleva a cabo en su relación con otros niños. A medida que crece, van apareciendo más comportamientos prosociales, aumentan las actividades que implican cooperación frente a aquellas que suponen una actividad paralela, acciones relacionadas con algún tipo de norma como supone el juego reglado.

La importancia de la interacción entre los iguales se manifiesta en los siguientes aspectos:

  • El conocimiento de la propia identidad, el autoconcepto y la autoestima. Al niño le resulta más fácil hacer comparaciones entre él y sus iguales que con los adultos. Los iguales en este sentido enriquecen y contrastan o incluso contradicen las ideas que de sí mismo se ha formado en relación con los padres y la familia. Este contraste es especialmente importante porque los iguales condicionan la aceptación del otro a sus propios intereses creando continuos conflictos que les obligan a desarrollar sus capacidades de adaptación y aceptación de los demás.
  • La relación con los iguales es un campo de entrenamiento privilegiado donde se aprenden numerosos destrezas sociales. Los padres dan continuas facilidades a los niños acomodándose a ellos. Los iguales se acomodan con dificultad a sus compañeros, priorizan sus intereses a los de los otros y son muy exigentes. De esta forma los iguales se obligan unos a otros a precisar su comunicación si quieren ser entendidos, a tener en cuenta el punto de vista del otro si se quiere obtener su favor, a controlar al conductas que al otro le parecen indeseables. El desarrollo de la capacidad de ponerse en el punto de vista del otro, el control de la conducta, el desarrollo de las conductas socialmente deseables, la imitación de conductas sociales son, en buena parte, un aprendizaje que exigen los iguales y que se aprende en los frecuentes conflictos entre ellos.
  • El sentimiento de pertenencia al grupo. Este se desarrolla con los iguales y adquiere, en los últimos años infantiles, una gran importancia. Los iguales son usados como una continua referencia de lo que es apropiado para sí mismo y lo que no lo es. Los iguales se convierten en modelos que son observados e imitados continuamente.

Derivados de los aspectos anteriormente mencionados se establecen unas formas positivas de conducta como son:

– La amistad.

– La simpatía o actitud de cooperación.

– La competencia, en el buen sentido de la palabra.

3. LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN SOCIALIZADORA.

3.1. Papel e importancia de la escuela en el desarrollo social del niño.

La escuela cumple hoy un papel fundamental en el desarrollo social del niño a lo lardo de unos años determinados para la posterior evolución de las personas. Esta importancia de la institución escolar aparece reflejada en la Logse. En los Decretos Curriculares se recogen las finalidades de la EI:

– La EI debe pretender potenciar y afianzar todas las posibilidades de desarrollo de los niños, así como dotarles de las competencias, las destrezas y los hábitos y las actitudes que pueden contribuir a hacer más fácil su adaptación a la etapa educativa posterior.

Desde el punto de vista de las relaciones interpersonales y de la actuación e inserción social, la escuela ha de contribuir con su acción educativa al descubrimiento de la identidad de cada niño y tiene que construir un contexto propicio para el aprendizaje de las reglas que rigen la vida en grupo, fomentando los comportamientos solidarios, de ayuda y cooperación, promoviendo en los niños actitudes alejadas de los estereotipos relacionados con el sexo, las diferencias de raza, origen, creencias, etc. cada vez se hace más evidente que el adecuado desarrollo personal y social en el ámbito escolar depende más del sistema de relaciones entre profesor-alumnos y entre alumnos-alumnos, que de los contenidos formales. El desarrollo social del niño dependerá también de las conductas sociales (cooperación, diálogo) que el educador refuerze en un sentido u otro, y de las características del propio educador en cuanto a modelo observado. Las numerosas horas de escolarización y el carácter tan especial de su figura dentro del aula, hacen de él uno de los modelos de aprendizaje social fundamentales para el niño.

3.2. Programa de desarrollo social.

Toda la acción educativa de la escuela infantil debe estar respaldada por un proyecto educativo orientado a optimizar el desarrollo del niño, compensar posibles deficiencias y preparar para la escolarización obligatoria. En este proyecto debe estar claramente expuesto un programa de desarrollo social cuyas líneas maestras podrían ser las siguientes:

  • Favorecer la adaptación del niño a la escuela y al medio social.
  • Promoción de conocimientos sociales que permitan a los niños ir adquiriendo de forma más sistemática los conocimientos sociales referidos a personas, instituciones, normas y a la moral.
  • Desarrollo de los procesos básicos que condicionan el desarrollo social, realizando tareas que sirvan para aumentar la capacidad cognitiva (espacial y social) de ponerse en el lugar del otro y la afectiva de desarrollar actitudes de empatía y respeto hacía los demás.
  • Afianzamiento en la comunicación de emociones y contenidos personales y sociales, tanto a través del gesto como de la palabra.
  • Participación en actividades que favorezcan la valoración positiva de uno mismo. Involucrar a los niños en tareas en las que puedan tener éxito y en los juegos de colaboración.
  • Educación para la salud, entendida como bienestar y referida a aspectos esenciales como la alimentación, la higiene, el descanso, etc.
  • Aprendizaje de habilidades sociales básicas: pedir las cosas, resolver un conflicto, presentar una queja…
  • Influir en la conducta de los demás sin sumisión ni dominio.

4. EL PAPEL DEL CENTRO DE EDUCACIÓN INFANTIL EN LA PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN CON NIÑOS Y NIÑAS EN SITUACIÓN DE RIESGO SOCIAL.

4.1. Detección de situaciones de riesgo.

La escuela tiene la posibilidad de ser un ámbito privilegiado para la prevención y detección precoz de los problemas derivados de un entorno familiar, social o escolar negativos, que en lugar de favorecer el desarrollo pleno del niño, le pone en peligro, negándole la oportunidad de crecer, sumiéndole en unas condiciones que deterioran su persona y frente a las que puede ir adoptando conductas propias de marginación social.

Existen diferentes tipos de situaciones de riesgo: inmigrantes, de diferente raza o viviendo en situaciones de extremada pobreza, con diferente cultura e idioma, afectados por enfermedades o carencia; todos deben ser acogidos por la escuela con criterios de integración y compensación de desigualdades, para ello la escuela debe elaborar programas de intervención en situaciones de riesgo evitando que se conviertan en problemas crónicos.

Frecuentemente los niños con dificultades no hablan de su situación: están sobrepasados por ella, creen que es normal o que la merece, se sienten amenazados y no confían en los adultos. Pero hay indicadores o hechos que hablan por ellos, como pueden ser:

    • Tienen mal aspecto físico: desnutrición, ropa inadecuada, suciedad.
    • Se duerme, parece cansado, no puede atender, está triste.
    • Cuando enferma sus dolencias se prolongan o repiten sin ser atendidas adecuadamente.
    • Tiene repetidas señales de abuso físico: moratones, quemaduras…
    • Asiste muy irregularmente a la escuela o deja de asistir sin previo aviso.
    • Nunca se sabe quien va a recogerle, o se olvidan de ir a buscarle, o no quiere volver a casa.
    • Deambula por la calle continuamente, suele estar solo, le dejan al cuidado de hermanos poco mayores que él por largos períodos de tiempo.
    • Tiene serias dificultades en la escuela: no aprende, no puede fijar la atención.
    • Tiene una conducta negativa, inusualmente agresiva, como si buscase afecto y ayuda desesperadamente.

Si concurren varios de estos indicadores se debe actuar desde la escuela con cautela y sensatez, pero también con decisión, a través de un equipo coordinado que tenga capacidad y formación para intervenir en el plano personal, escolar, familiar y social.

Una de las más claras situaciones de riesgo para el niño es la de desamparo que vendría definida por la presencia de estas circunstancias:

    • Abandono del niño, ya sea de forma explícita o implícita.
    • Incumplimiento de los deberes paternos.
    • Inseguridad producida por graves desestructuraciones familiares: drogadicción, alcoholismo, delincuencia, violencia, etc.
    • Abusos físicos producidos dentro o fuera de la familia.
    • Abusos psíquicos: desacfecto, desvalorización, amenazas, aislamiento, ataques verbales, terror…
    • Explotación de cualquier tipo

Detectar estas situaciones de desampara y, en general, de todas aquellas situaciones de riesgo que impidan a perturben el desarrollo armónico e integral del niño es un deber de la sociedad en su conjunto, pero compete de modo muy especial a las instituciones y profesionales que han recibido el encargo de ocuparse de la educación de todos los niños.

4.2. Programas de intervención.

La escuela tiene la obligación de constituirse en instrumento privilegiado para compensar las desigualdades y prevenir desajustes generales y sociales. Sin embargo cuando el centro infantil ni pueda cumplir por sí solo esta función deberá acudir a otros profesionales (equipos de apoyo de la zona u otros especialistas) y otras instituciones (Ayuntamientos, Comunidad…) para llevar a cabo las actuaciones adecuadas antes que sea tarde y evitar que el niño sufra un daño físico o emocional irreparable. Los distintos niveles de actuación podrían ser los siguientes.

  • Atender los problemas allí donde se originan, actuando directamente en el medio natural, evitando separaciones traumáticas y situaciones de desarraigo. Se considera la situación más deseable porque se pueden resolver problemas sin añadir conflictos nuevos. Para ello se debe contar con la utilización de la red de recursos generales que ofrecen Ayuntamientos y Juntas Municipales: plaza y beca de EI, Servicios de Salud Mental, Centros de Salud…
  • Separar al niño de su familia como único medio para proteger al niño del daño sufrido, y en tanto se resuelva la situación que lo provoca. Se trata de que su aplicación sea siempre temporal y contemplan la reinserción del niño como objetivo: centros de acogida, colegios-residencia, acogimiento familiar…
  • Procurar sustituir a la familia del niño por un medio familiar alternativo que garantice su desarrollo en condiciones normales. Esta situación puede ser no definitiva: acogimiento familiar, adopción.

La aplicación de estos tres tipos de recurso suele ser escalonado; el paso de uno a otro

vienen indicado por la gravedad de la situación o la irreversibilidad del daño que ésta puede producir en el niño y constituye una grave decisión cuyas consecuencias a largo plazo tienen que tener siempre presentes los profesionales encargados de tomarla.

5. PRINCIPALES CONFLICTOS EN LA VIDA DEL GRUPO.

Hemos dicho anteriormente que los conflictos son inevitables y positivos ya que contribuyen al desarrollo social del niño, a la conquista de la autonomía y por tanto a la formación de su personalidad. Estos conflictos pueden tener muchas formas diferentes: conflictos con la autoridad que los adultos intentan imponer, conflictos producidos por los celos freternales y conflictos en las relaciones con los iguales.

En estas primeras interacciones van a aparecer problemas frutos de las limitaciones cognitivas, conductuales, afectivas, etc., propias de estas edades. Puede decirse que la principal causa de conflictos es el egocentrismo. Este rasgo intelectual y afectivo, supone la incapacidad del niño para percibir la realidad desde otros parámetros que no sean el suyo.

Su egocentrismo, la permisividad a que estaba acostumbrado en los primeros años de vida, su falta de control de la conducta y la falta de normas interiorizadas le llevan a conflictos frecuentes con los adultos que intentan limitar su actividad.

Los principales conflictos que nos podemos encontrar en la vida del grupo son de dos tipos:

    • Emocionales: celos, rechazo, problemas de inhibición o aislamiento.
    • Conductas negativas: rabietas, agresividad.

Pasaremos a analizar algunos de ellos:

  • Los celos fraternales: cuando nace un hermano cambia el sistema de relaciones dentro de la dinámica familiar provocando un aumento de las conductas de apego hacia los padres y actitudes de revalidad hacia el recién nacido. Las conductas con el nuevo hermano son con frecuencia ambivalentes (aceptación-rechazo, caricias-agresiones); esto refleja los celos por un lado y la vinculación afectiva con el hermano por otro.

Los celos suelen agudizarse nuevamente cuando el hermano habla o anda, por dos razones porque vuelve a atraer la atención de los padres y porque comienza a intervenir en sus actividades interrumpiéndole o no respetando las reglas en los juegos.

Poco a poco el niño llega a convencerse de que su hermano comparte las figuras de apego con él, sin perderlas. A partir de este momento las relaciones pueden ser conflictivas en numerosas ocasiones pero se crea una fuerte vinculación que tiene las características esenciales del sistema de apego.

  • Aislamiento: hay niños apáticos, indiferentes, cohibidos, que evitan la relación con los demás niños no acudiendo para nada al adulto; niños que por carencia de habilidades sociales, u otro tipo de deficiencias personales, crecen de amigos aunque lo deseen fervientemente, y esto les hace sentirse infelices y refugiarse en un mundo propio lleno de ensueños y fantasías. El niño con este tipo de conflicto se vuelve muy susceptible a las críticas y a las observaciones, mostrándose por lo general sumiso y obediente.
  • Las rabietas: se caracterizan por conductas de oposición acompañadas de lloros, pataleos, etc., muy cargadas emocionalmente e iniciadas por causas muy diferentes (un mandato, un deseo no satisfecho, un rito no respetado…) Sólo cuando el niño interiorice las normas adultas y adquiera mayor control sobre su conducta se reducirán estos conflictos.
  • La conducta agresiva: los niños y niñas pequeños ponen de manifiesto numerosoas conductas que son consideradas antisociales y numerosas conductas agresivas, especialmente cuando sus intereses o deseos inmediatos se ven amenazados. Las disputas por los juguetes y los objetos son muy frecuentes. El origen de estas conductas está tanto en motivaciones claramente egoístas, como en la incapacidad para tener en cuenta a la vez los intereses de los demás cuando entran en conflicto con los propios.

Estas conductas no suelen representar amenaza seria para los demás. Sin embargo puede haber niños que por diferentes razones (deficiencias familiares o aprendizajes erróneos) manifiesten conductas que se conviertan en un verdadero problema en clase o para algún compañero. En estos casos conviene estudiar el contexto general del niño para llegar a comprender el significado de esta conducta, intentar satisfacer sus carencias básicas si las hay y, finalmente, aplicar estrategias para controlar las conductas indeseables.

El educador deberá observar todos estos tipos de conflictos. Tratará de que los niños encuentren soluciones por sí solo, pero a la vez, atentos a que no se creen relaciones de dominio o sumisión que perjudiquen a unos u otros niños.

La función esencial del adulto es iniciar a los niños en actividades que impliquen colaboración, reforzar las iniciativas y conductas que tienen en cuenta a los otros y mostrarse comprensivos y tolerantes con los conflictos que, a pensar de todo, siempre estarán presentes en las relaciones con los iguales.

Los esfuerzos del educador irán encaminados a conseguir que el niño adquiera confianza en sí mismo, aspecto indispensable para lograr su autoestima, es decir, la aceptación plena de sí mismo que le conducirá a la aceptación de los demás.

Para resolver estos conflictos será importante crear una estructura cooperativa en el aula, que favorezca la socialización del niño y una adecuada interacción alumno‑alumno y alumno – profesor, donde el educador siempre esté alerta.

A través de las relaciones entre iguales y los procesos de imitación e identificación los niños captan las habilidades y comportamientos básicos de su grupo social. Consiguen:

1) Adquisición de competencias sociales.

2) Control de los impulsos agresivos.

3) Relativización de puntos de vista, ésta capacidad está relacionada con otras como: capacidad para transmitir de forma coherente información, actitudes positivas hacía los demás, reversibilidad operatoria, juicio moral “autónomo”.

4) Incremento de las aspiraciones y rendimiento académico.

Para resolver estos conflictos será importante crear una estructura cooperativa en el aula que favorecerá la socialización del niño y una adecuada interacción alumno-alumno y alumno profesor.

En las Cajas Rojas nos encontramos con respecto a los conflictos las siguientes aportaciones a tener en cuenta en nuestra intervención educativa:

– Transmitir a los alumnos y alumnas que el conflicto res algo natural que puede resultar positivo.

– Transmitirles la idea que la violencia es sólo una de las formas de resolver los conflictos y además una forma inadecuada.

– Enseñar a los alumnos a afrontar los conflictos y a resolverlos de manera positiva.

En una palabra: educación para la paz.

6. CONCLUSIÓN.

El niño desde el nacimiento es un ser social, que necesita establecer relaciones con las personas de su entorno y esas relaciones van a ser esenciales no sólo para su desarrollo social sino para su desarrollo intelectual. La primera relación la establece con la madre o figura de apego.

Antes se creía que la primera relación se establecía a través de la alimentación y de la satisfacción de las necesidades más inmediatas y sobre ello se construía el afecto. Sin embargo, los estudios recientes han mostrado que el establecimiento de relaciones con las personas es una necesidad primaria, que no está subordinada a la satisfacción de otras necesidades como la alimentación o la limpieza.

Losa niños tienden a estar en contacto y a mantener ese contacto con los adultos de su misma especie y ese vínculo es un estímulo para todo su desarrollo. Por eso el establecimiento de unas buenas relaciones es una condición necesaria para el desarrollo intelectual y para la exploración por parte del niño.

7. BIBLIOGRAFÍA.

* Ver esquema.



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